Poniéndole más puertas al campo

Cuando uno sale de viaje al extranjero conviene informarse de qué se puede llevar al país de destino y qué no está permitido. A países como Arabia Saudí o los Emiratos Árabes no se puede llevar alcohol, como es de sobra conocido. Menos conocida es la prohibición que las autoridades de Singapur han impuesto sobre la importación y consumo de chicle. Y en Australia está terminantemente prohibido entrar alimentos y cualquier tipo de especie vegetal o, sobre todo animal.

Las razones de esta prohibición hay que buscarlas a mediados del siglo XIX. En 1859, Thomas Austin, un granjero inglés afincado en Winchelsea, en el estado de Victoria, se trajo dos docenas de conejos desde su tierra natal para divertirse cazándolos. “Unos pocos conejos no harán mucho daño”, dijo. Diez años después los conejos se habían convertido en la peor plaga que había padecido el continente en toda su historia, multiplicando su población hasta extremos insoportables. Cada año se masacraban cientos de miles, sin que fuera apreciable el efecto sobre la población total. Semejante cantidad de conejos devoraba miles de hectáreas de cosechas en los estados de Victoria, Australia Meridional, Queensland y Nueva Gales del Sur. La ganadería también se vio rápidamente afectada, al comerse los conejos los pastos y hierbas que alimentaban al ganado. A finales de los años noventa del siglo XIX la peste había alcanzado también Australia Occidental, pese a la protección que le brindaba el desierto, y la plaga había alcanzado proporciones bíblicas.

En ese contexto, cuando acababan de encontrarse conejos dentro del territorio de Australia Occidental, se planteó la posibilidad de levantar una barrera que impidiera a los simpáticos animalillos acceder a los pastos y granjas del estado. Ya se había hecho algo parecido para contener a los dingos al otro lado del país, así que la idea no era nueva. Y en 1901 se pusieron manos a la obra. Comenzaba así la construcción de lo que entonces se llamó Rabbit Proof Fence, o verja a prueba de conejos.

La primera de las tres vallas que se construyeron (ver el mapa de la derecha) recorre más de 1.800 kilómetros (la distancia en línea recta entre Madrid y Berlín, o entre Barcelona y Varsovia) entre las costas norte y sur del estado de Australia Occidental. Su construcción, al igual que la de su hermana mayor al otro lado del país (la Dingo Fence), no fue sencilla. La verja cruza cientos de kilómetros de zonas deshabitadas, y la logística necesaria para transportar el material necesario desde las costas al interior era compleja. Se utilizaron 8.000 toneladas de material, parte del cual fue importado desde España. Los materiales para la construcción de la verja llegaban a los diversos puertos, eran llevados en ferrocarril a almacenes tierra adentro y, finalmente, trasladados en caballos, burros o camellos (preferiblemente estos últimos) hasta el desierto.

Cuando se llevaba más de la mitad de la verja construida se descubrió que los conejos ya habían cruzado al oeste de la línea por donde tenía que discurrir la valla. Así que pensaron que por qué conformarse con una si puedes tener dos por el doble de precio. En 1904 comenzó la construcción de la valla nº 2, unos cien kilómetros al oeste de la primera, que siguió su curso. La segunda verja era más modesta. Sólo 1.100 kilómetros de largo, la distancia entre Madrid y París. Antes de que estuviera terminada, ya habían aparecido conejos casi en la costa. Así que en 1906 empezó a consturirse la tercera verja, que intentaría dejar libre de conejos la esquina noroeste del estado. Sin éxito.

Una sección de la verja

El mantenimiento de la verja en las décadas siguientes se realizaba viajando a lo largo de la línea con una carreta tirada por camellos. La verja era bastante endeble, y cualquier boquete podía tardar semanas en ser descubierto y reparado. Por si fuera poco, una de las características más desagradables de los conejos (además de la fea costumbre de comerse cosechas y pastos) es que los muy malvados saben cavar agujeros, también bajo las verjas. Y una de las características menos agradables de los granjeros es su afición a dejar las puertas del campo abiertas. Por esos agujeros y a través de esas puertas los conejos siguieron colándose al otro lado de la verja. Desde ese punto de vista, la idea fracasó. Pero al menos consiguió dejar fuera a los canguros y a los dingos, que tampoco suelen ser muy bienvenidos en según que sitios.

Una carreta de inspección de la verja, tirada por camellos, en 1926

En los años 50, cuando la situación a ambos lados de la verja era exactamente igual en lo relacionado con la plaga de conejos, se introdujo una peste en la poblacíón de éstos, la mixomatosis. Esta enfermedad provocó la muerte de más de las tres cuartas partes de los seiscientos millones de conejos que se calcula que había en el país. La verja perdió así su sentido original. Pero, si bien había demostrado ser completamente inútil contra los conejos, sí que se había obtenido cierto éxito en la tarea de mantener a los canguros, dingos y emúes lejos es las cosechas y el ganado. Por lo que se procedió a su remodelación y transformación. Se le cambió el nombre a State Barrier Fence (Verja estatal de contención), se aumentó su altura y se reforzó a lo lrgo de todo su recorrido, especialmente alrededor de lagos y bosques. Así ha llegado hasta nuestros días.

Un canguro junto a la State Barrier Fence remozada, en el año 2001.

Una de las inesperadas consecuencias de la construcción de la verja fue la aparición de un microclima distinto a cada lado de ésta. La verja cruza cientos de kilómetros de Bush (literalmente, arbusto), que es la parte de Australia que queda entre la costa y el Outback. En esa zona la vegetación endémica local cubre el paisaje. Pero al otro lado de la verja comienzan las granjas. Por lo visto la formación de nubes allí donde hay vegetación es normal, pero al otro lado de la verja es prácticamente inexistente (ver fotografía). Se barajan varias teorías que expliquen el fenómeno (concentración de pesticidas en la atmósfera, absorción del calor por la vegetación), pero lo cierto es que la verja a prueba de conejos se ha mostrado eficaz en detener absolutamente todo (canguros, dingos, emúes y hasta nubes) excepto los conejos.

Una señal de advertencia junto a la Rabbit-Proof fence, prohibiendo cruzarla o disparar a través de ella.

En 1931 tres niñas escaparon de un centro de internamiento para menores aborígenes al sur del estado. Se encontraban allí separadas de su familia por culpa de las políticas que los gobiernos federal y estatal seguían contra los niños mestizos que vivían en asentamientos aborígenes. Esta política consistía, simplemente, en arrancar a los críos de sus lugares de residencia y llevárselos bien lejos, oficialmente, para protegerlos de la, según los gobernantes de la época, inevitable extinción de la raza aborigen (que, por otro lado, llevaba sesenta mil años sobreviviendo en el Outback). Tres niñas, como decía, escaparon del centro donde estaban retenidas con la intención de volver a casa. Y, como no conocían demasiado bien el camino, se les ocurrió seguir la verja, que pasaba cerca de su poblado natal, Jigalong. Y así lo hicieron, durante nueve semanas y a lo largo de 1.600 kilómetros de verja, alimentándose de lo que cazaban por el camino, hasta llegar finalmente a su poblado. La hija de una de las tres chicas, Doris Pilkington, escribió una novela que se llevó un par de premios en Australia, y, basándose en ella, se rodó una polémica película sobre la historia de las tres chicas que cruzaron el país a pie siguiendo la barrera. La película se llegó a estrenar en España con el título de Generación robada. Se ha puesto en duda la veracidad de lo narrado en el film, especialmente en lo referido al trato que recibieron las niñas cuando fueron sacadas de su poblado, y también la interpretación política de la historia, (al parecer, el problema con los hijos mestizos de los aborígenes no era otro que el desprecio de los de su propia raza, algo bastante común en las sociedades tradicionales), pero ahí queda la historia. Una historia que sólo podía suceder en un país como Australia.

Carteles original y español de la película.

Previamente, en Fronteras: Poniéndole puertas al campo, sobre otra verja en el continente australiano.

Para saber más (en inglés):

En la Wiki, Rabbit-Proof fence; Rabbits in Australia.

Centenario de la verja, una web que explica la historia, especificaciones y todo lo necesario para hacer un máster en verjas anto conejos.

La verja más larga del mundo, en Camelfarm.com.

Run, Rabbit, Run, una historia de los conejos en Australia Occidental.

Variable cloudness at Australia’s Bunny Fence, en el New York Times, sobre la formación de nubes a un lado y otro de la verja.

Historia de la verja, y galería de fotos de la misma (ambos archivos en PDF).

Sobre la película, El largo camino a casa, resumen de la historia en el Telegraph, Una verja llena de agujeros, artículo crítico con la película, al igual de que Los mitos a prueba de conejos. En castellano, una crítica en La Butaca.

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6 comentarios to “Poniéndole más puertas al campo”

  1. celtico Says:

    Me encanta tu web, desde que la descubrí creo que fue en meneame pero no recuerdo. A ver si un día te animas a hablar de la frontera que crea la deforestación en la frontera entre Brasil y Bolivia, donde se ve incluso a vista de satélite.

    http://maps.google.es/maps?hl=es&ie=UTF8&ll=-15.052895,-60.267563&spn=0.299051,0.464172&t=k&z=11

  2. Diego González Says:

    Muchas gracias, Céltico. Brutal el contraste entre Brasil y Bolivia. La deforestación en ángulo recto.

  3. bovolo Says:

    Felicidades por el articulo!

    Realmente una historia curiosa!

  4. Bovolo Says:

    Meneo!

    http://meneame.net/story/poniendole-mas-puertas-campo

    Q haya suerte!

  5. ferran Says:

    Eres un crack, no se como tienes tantas historias, yo no podria :P

    Por cierto, si quieres una enclave-paranoia, puedes mirar el problema de los wet counties y los dry counties en USA. Son unos frikis….

  6. Alfred Says:

    Igualmente interesante es la división del territorio creada por la frontera entre Haití y República Dominicana.
    La población haitiana, el país más pobre del continente americano, utiliza intensivamente el carbón vegetal como combustible en hogares e industria y la obtención de este carbón ha dejado yermos los bosques del pequeño país que sus mismos habitantes han talado. Al otro lado de la frontera, República ha sabido conservar la riqueza de las selvas de la isla de La Española. Este binomio ha generado un contraste verde intenso-marrón a lo largo de la linea administrativa que separa ambos países.
    Se puede ver en Google Earth nítidamente.

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