Archive for the ‘On the road’ Category

Cómo visitar 19 países en 24 horas

6-octubre-2014

Pues yendo muy rápido, claro, y sin pararse demasiado en cada país. La gesta quizás pueda parecer absurda, pero quién soy yo para juzgar a mi prójimo con el historial que tengo. Y además, ¿qué gesta no lo es? ¿Es absurdo subir al Everest? ¿Es absurdo subir catorce picos de más de ocho mil metros? Claro que lo es. Pero están ahí. Como los países. A lo que iba: los protagonistas de este enloquecido viaje son tres noruegos aficionados a los viajes extremos llamados Gunnar Garfors, Øyvind Djupvik y Tay-yong Pak, que partieron de Grecia cuatro horas después de la medianoche el pasado 21 de septiembre, y cruzaron la frontera de Liechtenstein 23 horas y 36 minutos más tarde. Esto les ha supuesto batir el récord de más países visitados en un día, establecido anteriormente en 17 países por cuatro amigos . Para el veloz recorrido usaron tanto coches de alquiler como aviones, y un suministro abundante de sándwiches y bebidas energéticas.

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Los tres tenores del viaje veloz

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Nacional 340, la carretera más larga de España (segunda parte)

8-septiembre-2014

Habíamos dejado a la 340 (léase tres-cuarenta) entrando en la provincia y autonomía de Murcia. El tránsito de la vieja cinta de asfalto por la región murciana abarca poco más de un centenar de kilómetros, mayormente como vía auxiliar a la A-7: la numeración “340” se conserva para los accesos desde la moderna y funcional autopista desde y hasta los pueblos y ciudades del camino. La vieja carretera discurre entre campos y huertos, polígonos industriales, palmerales y ocasionales viñedos. Concesionarios de coches, restaurantes para trabajadores, naves y almacenes escoltan a la que otrora fuera una de las dos principales vías de comunicación en la región de Murcia.

N340 Cartel

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Nacional 340, la carretera más larga de España

1-septiembre-2014

N340Mapa

Antes de que en España tuviéramos autovías como para dar y regalar y no hubiera pueblo mediano sin su circunvalación de tres carriles por sentido, el tráfico interurbano se desarrollaba de forma casi íntegra en las llamadas nacionales, carreteras de un carril por sentido que atravesaban pueblos y ciudades, repletas de camiones y peligros. Yo mismo crecí en una España en la que para ir de la primera a la tercera ciudad del país había que recorrerse cientos de kilómetros de carretera convencional, con sus hileras de camiones, sus adelantamientos suicidas, sus whiskerías en los márgenes y sus papá cuándo llegamos. Las carreteras nacionales, herederas de las calzadas romanas y de los caminos reales de los siglos XVII al XIX, atravesaban el corazón de los pueblos de punta a punta, bajo los tendederos con ropa secándose al sol, frente a las sillas de los ancianos que charlaban en la calle a la fresca, junto a las plazas donde los niños jugaban. No en vano, lo que originalmente circulaba por ellas eran carretas, de ahí su nombre. Sin embargo, en la era del coche a motor las carreteras generales convertían el cruce de la calle mayor en un deporte de riesgo.

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La Nacional 340 (léase tres-cuarenta) fue la quintaesencia de la carretera nacional, por varias razones. En la España del desarrollismo, hace medio siglo, cuando el surgimiento de las clases medias permitió a las familias tomarse una o dos semanas de vacaciones al año y salir de la ciudad para disfrutarlas, millones de personas acudían cada año al cálido Mediterráneo desde cualquier parte de país. Así, pueblitos y barrios de pescadores como Torrevieja, Marbella o Motril se convierten en potentísimos destinos turísticos, que en apenas una década duplican o triplican su población (y todavía más durante el verano) y acogen a las primeras oleadas de turistas extranjeros que cambiarán la fisonomía y la mentalidad del país.

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Marbella, antes y después del boom del turismo en España (fuente)

La 340 también fue la carretera a través de la que los migrantes andaluces abandonaron su tierra camino de la industrial Cataluña en las primeras dos décadas y media del franquismo y a través de la cual volvían a sus lugares de origen en verano (las vacaciones en el pueblo). Y todos ellos, migrantes, turistas, extranjeros amantes de lo exótico, en algún momento, acababan recorriendo algún tramo de los 1.248 kilómetros de la Nacional 340. Cuatro comunidades autónomas, diez provincias y 147 pueblos y ciudades contemplan a la que algunos denominan “La Ruta 66 española”. Abrochaos los cinturones que salimos.

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Kilómetro 1.000 de la N-340 a su paso por la provincia de Castellón – Fuente

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El accidentado viaje de la señora Benz

14-julio-2014

Corría el año 1888 y el señor Benz, cuyo apellido quizás os suene de una marca de coches alemana, se encontraba un poco alicaído. Herr Karl Benz, que ese era su nombre completo, estaba preocupado por las ventas del producto estrella de su compañía, el Benz-Patent Motorwagen, que venía a ser un triciclo motorizado. Bertha Benz, simultáneamente esposa y socia capitalista en la compañía, confiaba plenamente en las posibilidades comerciales del cacharro, así que decidió embarcarse en un viaje prodigioso para demostrarle a su marido y de paso al público en general todo lo que era capaz de hacer aquella máquina. Esta es la historia de su accidentado viaje.

Bertha Benz

Bertha Benz, hacia 1871

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Mi primera frontera

15-noviembre-2012

Ubiquémonos. Anno Domini MMVI, o sea 2006, cosa de año y medio antes de que este blog suyo de ustedes empezara a existir. Hacía unos siete meses que me había trasladado a Barcelona desde mi Madrid natal. Por si se lo preguntan, sí, había una mujer detrás de la mudanza. Y sí, me casé con ella. Algún lector veterano tal vez se acuerde el post en un terrible inglés que publiqué por aquel entonces. A lo que iba. Cuando llegué a Barcelona obtuve mi primer contrato laboral decente, que incluso superaba en un par de docenas de euros el mileurismo en doce pagas, y que me permitía no sólo comer y pagar una habitación en un piso compartido con una médico rumana adicta a los bikinis, un latin lover argentino y un diseñador gráfico de Vic, sino además lujos tales como cenar fuera de vez en cuando o ir de vacaciones con Easyjet a un Bed&Breakfast londinense o a algún tugurio en el antiguo Berlín Este. A cambio, eso sí, el trabajo me exigía tener un coche. Bueno, en realidad no me lo exigían. Pero era un trabajo de comercial para empresas por toda Cataluña, y durante seis meses las había pasado bastante canutas yendo a lugares tan exóticos como Sant Quirze del Besora o Sant Pere de Nosedonde usando sólo transporte público y algún taxi ocasional. Y uno no sabe lo que es el tercer mundo hasta que no ha viajado en las Rodalies de Barcelona. Hacen que Burundi parezca Singapur. El caso es que a los seis meses de llegar a la Ciudad Condal me compré un coche. Antes tuve que pasar el engorroso trámite de suspender dos veces el examen de conducir, pero esa es otra (aburridísima) historia. Ya estamos la mayoría de los protagonistas de esta narración. Yo, el trabajo y mi flamante coche nuevo. Falta la frontera.

Habría tenido mucho sentido que este fuera mi coche, pero no es el caso

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El viaje en la Antigua Roma

31-julio-2012

Viajar en la antigüedad era algo difícil, lento, caro y peligroso. Para la inmensa mayoría de la población la vida transcurría prácticamente en su totalidad en el espacio que podían cubrir a pie entre la salida y la puesta del sol, lo que venían a ser como mucho unos treinta o cuarenta kilómetros a la redonda del lugar donde uno vivía. Sólo los soldados, comerciantes y otras gentes de mal vivir tenían la oportunidad de ver mundo, pero al precio de pasarse meses, cuando no años, lejos de casa, si es que tenían algo a lo que poder llamar así. El Imperio Romano se había preocupado de construir una extensa red de carreteras, la mayoría de las cuales siguió en uso durante el siguiente milenio, o más. Son las conocidas Calzadas Romanas, una red de transportes que abarcaba un enorme recorrido desde el Océano Atlántico al Mar Rojo, pasando por las Islas Británicas o el Mar Negro.

La Via Apia, en Roma

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Manual del perfecto conductor español

21-mayo-2012

En cierta ocasión se realizó una encuesta entre los conductores españoles que arrojó resultados sorprendentes. Aproximadamente el 95% de los conductores consideraba que conducía mejor que la media, lo que quiere decir que o bien el 5% conduce verdaderamente mal y en una escala del 1 al 10 puntúa  negativo, o que en general el conductor español medio se mira por las mañanas ante el espejo de la bruja de Blancanieves. Personalmente me inclino por lo segundo. Más que nada porque el espejo me salió carísimo. En fin; pongámonos el traje de Antropólogo Indecente y vayamos a echarle un vistazo a la fauna que puebla la jungla de asfalto.

Nuevas señales de tráfico aprobadas por la DGT, de momento en fase experimental

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El hombre que cruzaba fronteras

7-mayo-2012

Conocí el Hotel Arbez hace un tiempo en alguna de las múltiples páginas de friquismo fronterizo que adornan el blogroll de esta humilde bitácora. Teniendo en cuenta que Ginebra cae a apenas siete horas y media de coche de Barcelona (Madrid, por ejemplo, está a seis horas de carretera, cinco si se corre un poco y no se para, y cuatro si se es un retrasado mental con un coche de gran cilindrada) planeé cuidadosamente el viaje para realizarlo en noviembre del año pasado. El día del viaje desperté con una descomposición intestinal nivel “las aguas del Mar Rojo se cierran sobre los perseguidores de Moisés” por lo que no sólo no podía conducir siete horas, sino que ni siquiera podía plantearme salir de casa a comprar papel higiénico. Así que cancelé la expedición y esperé mejores tiempos. Hasta que hace un par de meses se alinearon los planetas y disfruté de tres días eximido de cualquier responsabilidad laboral o familiar; pensé que la ocasión la pintan calva y me lancé a recorrer fronteras. Este blog es sólo una excusa para viajar, leches. Aprovechémosla.

-Sí, hola, Cariño, te mando la foto del sitio que he venido a ver. Sí, es una escalera. Sí, la moqueta es bastante fea y un poco mugrienta, ¡pero la frontera pasa por uno de esos escalones! Sí, me he cogido un avión y luego he conducido una hora por una carretera de montaña para ver esto. ¿Cómo, que te recuerde por qué te casaste conmigo?

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Iconos de la carretera: El barco de Chanquete

4-enero-2012

Para cualquier españolito que sobrepase la treintena o se acerque moderadamente Verano Azul es un auténtico mito de la televisión. Fue emitida originalmente entre octubre de 1981 y febrero de 1982, pero las constantes reposiciones veraniegas que Televisión Española programó durante la siguiente década y media hicieron la serie conocida por todos los nacidos en los setenta y los ochenta. Ya en el momento de su emisión la serie fue un auténtico éxito, hasta el punto de que algunas reposiciones tuvieron más audiencia que la emisión original. Cuentan algunas crónicas que la muerte de Chanquete (un auténtico trauma) fue desvelada antes de que el capítulo correspondiente fuera emitido, y que se levantaron no pocas voces exigiendo el indulto para el personaje dueño de La Dorada, el barco que inspiró la canción protesta más popular de los ochenta.

Nooooo, noooo no nos moverán

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Luces de neón

12-abril-2011

Cartel de Neón de un motel en Colorado Springs (fuente)

En los años posteriores a la II Guerra Mundial la cultura del coche se extendió como la pólvora por Estados Unidos. Entre 1945 y 1960 el número de automóviles se multiplicó por 3, pasando de 25 a 75 millones. Este aumento coincidió, lógicamente, con la expansión del Sistema Interestatal de Carreteras que impulsó el presidente Eisenhower, influido por el lobby de los fabricantes de automóviles. En un tiempo relativamente corto decenas de millones de personas tuvieron acceso a los viajes por carretera, y el transporte terrestre de mercancías abandonó el ferrocarril por los camiones. El coche, apoyado por campañas publicitarias y de marketing, se convirtió en un símbolo de libertad y de ascenso social. Simultáneamente, el nacimiento de la era espacial, inaugurada con los lanzamientos del Sputnik 1 soviético y del Explorer 1 americano, introdujo en la mentalidad americana de la época el concepto de un futuro brillantemente tecnológico. De ambas tendencias, la cultura del coche y la era espacial, nació la arquitectura Googie (también llamada Populuxe o Doo-Wap), caracterizada por lo rebuscado de sus formas y por el abuso del neón. Es la máxima representante de una época, veinte años (1945-1965), en la que la ciencia ficción conoció también su edad de oro y el futuro era casi cosa del pasado.

Bienvenido a Las Vegas, una de las creaciones Googie más conocidas.

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