Mi primera frontera

Ubiquémonos. Anno Domini MMVI, o sea 2006, cosa de año y medio antes de que este blog suyo de ustedes empezara a existir. Hacía unos siete meses que me había trasladado a Barcelona desde mi Madrid natal. Por si se lo preguntan, sí, había una mujer detrás de la mudanza. Y sí, me casé con ella. Algún lector veterano tal vez se acuerde el post en un terrible inglés que publiqué por aquel entonces. A lo que iba. Cuando llegué a Barcelona obtuve mi primer contrato laboral decente, que incluso superaba en un par de docenas de euros el mileurismo en doce pagas, y que me permitía no sólo comer y pagar una habitación en un piso compartido con una médico rumana adicta a los bikinis, un latin lover argentino y un diseñador gráfico de Vic, sino además lujos tales como cenar fuera de vez en cuando o ir de vacaciones con Easyjet a un Bed&Breakfast londinense o a algún tugurio en el antiguo Berlín Este. A cambio, eso sí, el trabajo me exigía tener un coche. Bueno, en realidad no me lo exigían. Pero era un trabajo de comercial para empresas por toda Cataluña, y durante seis meses las había pasado bastante canutas yendo a lugares tan exóticos como Sant Quirze del Besora o Sant Pere de Nosedonde usando sólo transporte público y algún taxi ocasional. Y uno no sabe lo que es el tercer mundo hasta que no ha viajado en las Rodalies de Barcelona. Hacen que Burundi parezca Singapur. El caso es que a los seis meses de llegar a la Ciudad Condal me compré un coche. Antes tuve que pasar el engorroso trámite de suspender dos veces el examen de conducir, pero esa es otra (aburridísima) historia. Ya estamos la mayoría de los protagonistas de esta narración. Yo, el trabajo y mi flamante coche nuevo. Falta la frontera.

Habría tenido mucho sentido que este fuera mi coche, pero no es el caso

Prosigamos. Era un viernes de junio, en esa época justo antes de que el verano reviente por completo y despelote del todo a las millones de turistas que visitan Barcelona para hacerse horribles retratos en contrapicado con la Sagrada Familia  a sus espaldas y sus fosas nasales en primer plano. Yo salía tarde de trabajar, por dos razones, la primera que no tenía Internet en casa y aprovechaba la conexión del trabajo para hacer el canelo en horario laboral y la segunda que debido a eso mismo, después de terminar mis horas reglamentarias  me tenía que quedar un buen rato para completar la faena que debería haber hecho entre las nueve de la mañana y las siete de la tarde. España y yo somos así, señora. En aquella ocasión se me hizo mucho más tarde de lo normal, y cuando terminé de preparar mis últimas ofertas irrechazables y de cuadrar mis previsiones de ventas para la aburridísima reunión/orgía sanguinolienta/decapitación de comerciales de los lunes a primera hora eran ya más de las once de la noche. Por suerte tenía llave del garaje, así que me subí a mi recién estrenado buga (un Citroen de la gama pequeña de color azul celeste, digno de la más entregada de las Soccer Moms) y me dirigí hacia mi jaula de grillos compartida.

Bucólica imagen de un huevo azul con ruedas.

Como he dicho, era viernes por la noche, acababa de salir del trabajo y mi plan más excitante para la velada consistía en ver algún capítulo de House descargado del Emule en el ordenador del trabajo (en mi antigua empresa eran muy laxos con el tema, sí) mientras esperaba la llegada del latin lover argentino con una o más mozas agarradas del hombro o de alguna otra parte de su anatomía (lo de “o más” no lo digo por decir. Fue una época entretenida). Así que para retrasar el momento de llegar a casa decidí dar un paseo por la circunvalación de Barcelona, la Ronda Litoral. Sirva en mi descargo que no estaba muy fino. Estaba cansado, algo aburrido y tampoco tenía mucho que hacer al llegar a casa. En fin, que me equivoqué en una bifurcación, con tan buena suerte que el desvío que tomé me obligaba a dar un rodeo de doce kilómetros para regresar al punto de partida. Maldiciéndome en arameo, idioma que hablo con fluidez, me dispuse a recorrer el oscuro tramo de autopista hasta Cerdañola, pueblo donde podría dar la vuelta y retomar el camino al hogar.

Pasarse la salida de la autopista es algo que siempre deja un simpático poso de buen humor y concordia con el planeta

(Inciso: El nombre oficial del pueblo es Cerdanyola del Vallès, y su exónimo en español es Sardañola, transcripción fonética de su pronunciación catalana que en general hace sangrar los ojos a la mayoría de los que residimos por aquí, probablemente por falta de costumbre. Pasa lo mismo con el nombre en español (San Baudilio) de Sant Boi de Llobregat, pueblo natal de los hermanos Gasol. No sucede así sin embargo con otros topónimos catalanes, cuyo exónimo español está muy extendido, como Tarrasa, Lérida o Gerona. En este caso yo he usado el vocablo inexistente “Cerdañola” porque en castellano el fonema catalán “ny” se pronuncia como una ñ, y porque la mayor parte de la gente que conozco pronuncia exactamente así el nombre del pueblo cuando habla en castellano. En otras palabras, este es mi blog y escribo como me sale del coxis, y por eso en los próximos párrafos podrán encontrarse incoherencias lingüísticas a la hora de usar o no los exónimos en español de la toponimia en catalán).

Dicen que si a medianoche enciendes velas y dices tres veces San Baudilio delante de un espejo se te aparece Pompeu Fabra y te da dos yoyas

En menos de diez minutos había recorrido la escasa distancia hasta la primera salida de la autopista, así que me eché al carril derecho, puse el intermitente y me dispuse a abandonar la carretera. Y ese fue el primer momento crítico de la noche. Justo cuando estaba en el carril de deceleración sentí un impulso irrefrenable de volver a la autopista y seguir conduciendo unos cuantos kilómetros más. Y eso fue lo que hice. Vistazo al retrovisor, intermitente izquierdo y volantazo justo antes de comerme con el parachoques la cuña de pilotes de plástico verde que señalizaban la salida de la autopista. ¿Por qué? Y yo que sé, oigan. Escribo un blog sobre Fronteras, si quieren coherencia y pensamiento lógico visiten a Milhaud o a cualquier otro blog normal (eso no incluye Blog de Banderas, lo lamento). Simplemente me gusta conducir, llevaba la radio a todo volumen, me estaba fumando un cigarrillo y me sentía un poco como si fuera Kerouac camino de San Francisco. Tiempo después aprendí a identificar esa sensación en la boca del estómago que me hizo reincorporarme a la carretera. Es una sensación extraña, de libertad casi absoluta, de ser dueño de tu destino. Estoy en la carretera y mientras tenga gasolina puedo ir donde desee, parar cuando quiera, conocer cualquier lugar que me plazca. Nada está lo suficientemente lejos como para estar fuera de mi alcance. No hay límites para mis neumáticos. Gracias a las políticas de infraestructuras públicas de Europa Occidental y al tratado Schengen podría amanecer mañana en, yo qué sé, Eslovenia. ¿Por qué no? Con una Visa en el bolsillo todos somos libres durante un tiempo. Es como ser el pirata de Espronceda pero en un Citroen de setenta caballos. Suena a coña marinera, y no sin razón, pero de ese hormigueo viven la mitad de las aerolíneas del mundo y un tercio de las gasolineras, así a ojo.

Antes de darme cuenta ya había dejado atrás Sabadell y Tarrasa y me había metido en la autopista de peaje en dirección a Manresa, que se encontraba completamente vacía, algo lógico teniendo en cuenta que ya estábamos cerca de la medianoche y que el peaje de dicha autopista se parece más al tributo exigido por los señores de la guerra somalíes para circular por los caminos que al pago por el uso de una infraestructura. Un atraco, vamos. El Citroen devoraba kilómetros sin piedad a ciento treinta kilómetros por hora, excepto en las cuestas, donde ni reduciendo a cuarta y con el acelerador arrancando chispas al asfalto podía superar los cien. Conducir de noche en una autopista vacía tiene sus pros y sus contras. Entre estos últimos está el hecho de que el paisaje se reduce a los charcos de luz anaranjada que dejan las lámparas de sodio en algunos tramos y a los dos conos de luz que proyectan los faros del coche. A favor está la tranquilidad monótona de las líneas de separación de carril pasando una tras otra bajo los faros, mientras el relajante runrun del motor invita a la reflexión, sin que uno sienta miedo a estrellarse contra el parachoques trasero de otro vehículo. Estar en el camino es estar en mitad de ninguna parte, tiene algo de huida, no sólo física sino también de la realidad, aunque en aquel momento yo aún no lo sabía. Simplemente me limitaba a conducir y a dejar vagar la mente entre los quitamiedos y la pintura blanca de los márgenes.

Pedazo de vistas

En Manresa me detuve a llenar el depósito de gasóleo en una solitaria estación de servicio. Mientras sostenía la manguera mirando al infinito no podía dejar de pensar qué demonios estaba haciendo repostando combustible a medianoche, con el mismo traje y la misma corbata de discutible gusto con los que había ido a trabajar casi dieciséis horas antes, a sesenta kilómetros de mi casa, en un pueblo que no conocía y sin ningún objetivo concreto más allá de conducir kilómetro tras kilómetro sin rumbo fijo. Lo lógico, en ese momento, habría sido darse la vuelta, regresar a casa y no contarle a nadie el breve ataque de locura transitoria que había sufrido. Claro que lo lógico también habría sido no llegar hasta allí. Y bueno, si uno va hasta, pongamos, Manresa, ¿por qué no seguir un rato? Así que me compré uno de esos horribles sandwiches de gasolinera y una Coca Cola y volví a la autopista.

Cri-cri-cri

Con el tiempo llegaría a conocerme el paisaje de aquella carretera casi de memoria, pues en los siguientes años la recorrí más de dos docenas de veces, pero aquella noche todo era nuevo. Tampoco es que pudera disfrutar mucho de las vistas, claro. Continué conduciendo un buen rato más, hasta que la autopista se convirtió en una carretera normal con un carril para cada sentido, igual de vacía, eso sí, que su predecesora. Unos veinte minutos más tarde me detuve para consultar el mapa, pues, a todo esto, no tenía ni puñetera idea de dónde demonios estaba. Tras seguir con el dedo mi ruta en la Guía Campsa descubrí que me encontraba mucho más cerca de cualquier frontera que de mi propia casa, y supongo que ahí es cuando se me encendió la bombilla. Ya tenía un destino. Salir del país. Un rato. No para irme, ni para desaparecer de la faz de la Tierra, ni para hacer contrabando de sandías y de naranjas podridas, sino por el mero hecho de… cruzar la frontera. De estar “al otro lado de la alambrada”, aunque no haya ya nada parecido a eso.

Sí, hijo, esto es lo que en el siglo XX entendíamos por navegador GPS

Así que, con ánimo brioso y una llamarada de ansia viajera ardiendo en el pecho (que alguien llame a la brigada anticursis) seguí conduciendo unos cuantas decenas de kilómetros más hasta el túnel del Cadí, uno de los más largos de España y, casi con total probabilidad, el más caro del planeta. Cinco kilómetros de túnel por unos módicos diez euros (a día de hoy ya son trece) y por fin abandoné la provincia de Barcelona (nota fronteriza: el Túnel del Cadí pasa a apenas unos centenares de metros al este del punto donde se cruzan los límites de Barcelona, Lérida y Gerona). Una vez cruzado el túnel y abonado el preceptivo sablazo al somnoliento taquillero, tocaba escoger. ¿Francia o Andorra? ¿Puigcerdá o La Seo de Urgell? No tardé mucho. Yo ya había estado en Francia un par de veces y Andorra, ese país en miniatura que a duras penas aparece en los mapas de Europa, era por entonces un absoluto misterio para mí. Sabía que su orografía es montañosa, que venden gasolina y tabaco baratos y que su bandera es cromáticamente cuestionable, pero nada más. ¿Qué hacen los andorranos un viernes por la noche? Teniendo en cuenta el tamaño del país, casi que podría preguntarles a todos ellos. Así que enfilé hacia La Seo y hacia lo desconocido.

Andorra. En aquel momento (una y pico de la madrugada de un viernes en un Citroen pequeñito y, recordemos, vestido de traje y corbata) sonaba más o menos como Eldorado, Ítaca o cualquier otro destino mítico del imaginario popular. Alfa y Omega del viajero noctámbulo, puerto de llegada del enajenado nocturno. Es decir, de camino a casa me había confundido en la salida de la autopista y había acabado a doscientos y pico kilómetros de casa, en mitad de los Pirineos, cruzando a otro país que nunca había visitado antes. A ver cómo demonios le explicaba yo esto a los compañeros de piso.

Pospuse de forma indefinida la elaboración de una explicación aceptable sobre el asunto y al cabo de unos kilómetros me enfrenté a la frontera. Técnicamente mi primer límite internacional fue el de Marruecos, con cinco años, cuando residía en Ceuta y mi madre me llevaba con ella a hacer la compra a Tetuán. El primero que recuerdo es el de Portugal, a finales de los 80, cuando desde el asiento trasero del coche competí con mi hermano para ver quién estiraba más el brazo y, por tanto, entraba primero en el país vecino, mientras nuestros padres nos ordenaban a gritos que hiciéramos el maldito favor de dejar de hacer el ganso. Gané yo, aunque mi hermano siempre lo negará. Lo podréis comprobar en los comentarios. La siguiente frontera fue la hispanofrancesa, en un viaje con el  colegio allá por el invierno de 1993, cuando me escapé del aparcamiento de la estación de esquí de Astún y me recorrí un par de kilómetros por la carretera hasta el puesto fronterizo para meter una mano en Francia. En invierno. Antes de Schengen. Sí, con trece años ya tenía cierto amor por hacer el capullo entre dos países.

Bueno, pues ahí estaba yo, ante otra frontera, la última española que me quedaba por cruzar. Aparentemente sa línea imaginaria me había estado llamando como las sirenas a Ulises desde hacía horas, así que me dispuse a cruzarla. Fue un momento de perfecto anticlímax, claro. No hubo trompetas que anunciaran mi llegada al coprincipado, ni lucecitas de colores, ni siquiera un modesto guardia fronterizo dándome la benvinguda o deseándome bon viatge. Simplemente pasé por la aduana española sin que nadie me mirara, crucé cien metros de tierra de nadie y justo donde termina esta, zas, empieza Andorra. Una ténue línea en el suelo indica el cambio de país, pero yo no la ví aquella noche. También había unas cabinas para colocar aduaneros dentro, pero he ido docena y pico de veces al país desde entonces y nunca he visto a nadie allí. Entrar en Andorra es tan fácil como entrar en Albacete, solo que allí sí hay cosas que hacer.

La frontera, de día. De noche es todavía más aburrida

Cruzar una frontera por primera vez siempre tiene algo de experiencia mística, y pese a lo absolutamente inane del asunto, estaba eufórico. Estaba en Andorra. ¡En el extranjero! ¡Con mi coche nuevo! ¡En mitad de la madrugada! ¡GUAU! ¡Soy el amo de la carretera! ¡Europa, prepárate, mis neumáticos hollarán todos tus rincones, no hay límites para un Citroen Huevo del color equivocado! ¡Que alguien construya el puente sobre el Estrecho de Bering, que voy para allá! Y en ese plan. Así que me sumergí en la única carretera de dos carriles por sentido de todo el país y la recorrí en toda su extensión, que vienen a ser unos tres kilómetros, palmo arriba o abajo. Al cabo de un rato más bien breve llegué a Andorra la Vella, la minúscula capital del estado, cuya belleza reside en las impresionantes montañas que la rodean, de las que en aquel momento ni siquiera podía distinguir la silueta. Aparqué en cualquier parte y me metí en un bar (con mi chaqueta y mi corbata) a tomar un par de cafés mientras leía Tropas del Espacio, de Heinlein. Había lo que se puede esperar en cualquier bar de cualquier país de Europa occidental a las dos de la mañana, gente tomando unas cervezas, jugando al billar o intentando ligarse a la camarera sin éxito apreciable. Nada que no pudiera haber visto en mi propio barrio, pero, eh, ¡estaba viéndolo en el extranjero! ¡Livin’ la vida loca! ¡Bohemia pirenaica a tope! ¡Andorra, la San Francisco de las montañas!

Andorra la nuit

La tontería me duró un rato más, hasta que me cansé de dar paseos por calles completamente vacías con un fresquito algo impropio para la época del año fuera de los Pirineos y otras cadenas montañosas. Andorra es un lugar paradisíaco para las compras (viven de eso, del esquí y del tabaco) pero a aquellas horas intempestivas lo único abierto eran las gasolineras. Me subí a mi bólido, llené el depósito por un 25% menos de lo que me habría costado unos pocos kilómetros más al sur o al norte, compré tres cartones de Marlboro por el precio de uno en Barcelona y me dirigí a la aduana siguiendo los carteles que indicaban el camino hacia Espanya. Una vez allí tuve mi primer encontronazo con las Fuerzas de Seguridad del Estado. No sería el último de la noche. A esas alturas de la noche (las tres y pico de la madrugada) la aduana era un desierto de asfalto y fluorescentes blancos, y cuando me acerqué un Guardia Civil me hizo gestos con la mano, que yo interpreté como “Continúe, caballero, bienvenido a España, esta gran nación le da la más cordial de las enhorabuenas por su decisión de acceder a nuestro territorio”, pero que en realidad significaba “PARE. AQUÍ. AHORA”, algo de lo que me percaté cuando casi atropello al agente al interponerse éste en mi camino.

Allá por 1966 la frontera era un poco más rústica

Me salvaron la chaqueta y la corbata. La Guardia Civil nunca ha destacado por su sentido del humor, y menos cuando su labor es revisar maleteros habitualmente mugrientos en busca de tabaco y alcohol de contrabando. El agente estaba lógicamente cabreado por mi caso omiso a sus indicaciones y la experiencia cercana a la muerte que ello había provocado, y se le notaba dispuesto a sodomizarme con el chirimbolo luminoso que utilizan para sus indicaciones, pero al ver a un señor con barba, chaqueta, corbata y algo de sobrepeso salir del coche (en lugar del cani borracho que seguramente esperaba) se calmó un poco. Le pedí disculpas por mi escasa pericia al volante y me puse a su disposición. Me ordenó educadamente que abriera el maletero y allí estaba el tabaco. Un solitario cartón de Marlboro sobre la rueda de repuesto, las botellas de agua semivacías, los bolígrafos, los panfletos de mi empresa y la roña acumulada en mis viajes de trabajo. Los otros dos cartones estaban estrategicamente escondidos bajo el asiento del copiloto, gracias al conocimiento de la legislación española sobre importación de drogas socialmente consentidas que había adquirido en una visita a Gibraltar con el instituto una década atrás. El guardia disculpó mi torpeza y me dio las buenas noches. Empezó el recorrido de vuelta, menos glamouroso y eufórico que el de ida, pero igual de largo.

Y entonces amagué con echar la mano a la pipa, ¡tenías que haber visto cómo se hacía popó en los pantalones el tío!

Mencioné antes que tuve más de un encontronazo con la policía durante aquella madrugada. En La Seo de Urgel me pararon los Mossos (en castellano, Mozos de Escuadra, la policía autonómica catalana) para hacerme soplar en un tubito y comprobar que mi ingesta de bebidas alcohólicas no superaba lo recomendable. Lógicamente el resultado fue 0,0. No así el de un chaval de diecinueve años o por ahí que estaba haciendo flexiones en la cuneta esperando para pasar por segunda vez el mismo control con la esperanza de que la tasa de alcohol en sus pulmones fuera menor esta vez. Continué hasta el Túnel del Sablazo,en cuyas taquillas me detuvo otro simpático agente para interrogarme por mi procedencia y destino. A ver como se lo explicaba. “Mire, me equivoqué de salida en la autopista a doscientos kilómetros de aquí y ya ve”. Al final dije la verdad: “Estoy volviendo a casa después del trabajo”. No mencioné la parte del pequeño rodeo que había efectuado. Pagué la dolorosa tarifa del túnel, y veinte kilómetros más tarde volví a topar con otro control de alcoholemia. Un chaval que apenas superaría la edad legal para conducir me pidió chicles para reducir su evidentemente alto resultado en la primera prueba. Le pregunté por la cifra resultante de sus soplidos. 0,48 (el límite legal en España es 0,25 mg por litro de aire expirado). Ni toda la producción anual de Trident enchufada en la vena subclavia le habría librado del multazo, así que le deseé buena suerte con sus padres.

Hay gente que llega muy tocada a los controles de alcoholemia…

Seguí mi camino sin sobresaltos hasta que al entrar en la Avenida Meridiana, ya en Barcelona, me encontré otro control más. Empezaba a estar un poco cansado, así que tras pasar el tercer control de alcoholemia de la noche le pedí al amable agente si me podía expedir un certficado de buena conducta o algo parecido que me eximiera del siguiente control. A él no le hizo demasiada gracia. A mí tampoco cuando me encontré otro control a los diez minutos. Y menos aún cuando a apenas doscientos metros de mi casa tuve que soplar por quinta vez esa noche. Finalmente, con el sol asomándose tras los tejados barceloneses y los pulmones ahítos de soplidos, terminé mi viaje. Había sido una de las noches más largas que recordaba, y probablemente la más absurda desde que me había comprado el coche. Pero no me arrepentía. Esa noche me di cuenta de que mi misión en la vida era trabajar para ganar dinero con el que pagar gasolina y leer para tener la labia suficiente como para convencer a mi entonces novia de lo divertido que sería atravesar una frontera internacional campo a través. Esa noche se plantó la primera semilla de Fronteras.

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68 comentarios to “Mi primera frontera”

  1. Zamba Says:

    Maravilloso. Y muy bien narrado. Una experiencia y una sensación difícil de experimentar aquí, en el centro de Argentina, donde cruzar una frontera significaría conducir 800 kilómetros o atravesar el Río de la Plata, que bien podría ser un océano.

  2. Ricardo Carranza Fernandez Says:

    me pongo de pie y me quito el sombrero, ahora si se volo la barda Don Diego, el rey de fronteras ha vuelto por sus fueros, con esta historia me han dado ganas de volver a leer todas las entradas del blog, (soy capaz de hacerlo, no lo dude) no se como describir la sensacion que siento al leerlo, de verdad mis respetos, ojala siga recorriendo kilometros y kilometros de carreteras enmedio de la madre patria española, y por que no, de otros paises, gracias de verdad

    Ricardo
    Mexico D.F

  3. Hugo Charles Says:

    Rocanbolesca la historia de la primera vez pero muy agradable, la verdad si envio el tratado Schengen para poder transitar por muchos lugares, algo que aqui en México no creo que pase pronto con nuestros vecinos del norte y menos del sur.

  4. Mi primera frontera Says:

    [...] Mi primera frontera [...]

    • detodo1 Says:

      :::::::::::::::::::¡¡¡¡OJALA LO LEYERAS TODO DIEGO!!!!:::::::::::::::::::::
      Un momento, naciste en ceuta? porque si es así entonces serias español pero africano, que increíble!! :) hablando de otra cosa, me gusto mucho tu entrada, de hecho es la segunda que mas me ah gustado, me dio mucha risa, osea imagínate, estas trabajando y lo ultimo que te imaginas es que en unas horas vas a estar en otro país, siempre leo tu blog (desde hace varios años) ami también me fascinan las fronteras, quisiera cruzar una algún día, y me desespe ro cuando tardas mas de una semana en poner una entrada jeje (enserio) lo que aprendo de el se lo cuento a familiares y amigos y me miran como diciendo -no me interesa- o -que raro eres- pero bueno. que envidia eso de libertad y poder cruzar fronteras y tener la espontanea idea de salir del país, yo no puedo, la frontera mas cercana esta a 700 km, y es con Guatemala (estoy en México) xD
      bueno, aquí son 7 hrs de diferencia de España y me tengo que ir a dormir, saludos desde américa!! (sí,leo este blog y no soy europeo)
      P, D. yo creo que diego entro primero a Portugal ::caritafeliz::
      P. P. D. haz una entrada del trifinio Guatemala-Belice-México.

  5. Remo Says:

    Acudo raudo para afianzar tu fama de profeta, hermanito. Por un lado, veo que eres mejor escritor que narrador: Este relato es mucho (muuucho) más divertido que el “Salí del curro y acabé en Andorra, brotha” que me contaste por teléfono in illo tempore.

    Por otra parte, debo recordarte que te saco cuatro años y medio y cuando cruzamos la frontera de Portugal, en plena etapa de crecimiento, mi brazo era unos treinta centímetros más largo que el tuyo, por lo que sin lugar a dudas, con el brazo en plena extensión, yo entré antes que tú en el espacio aéreo portugués.

    Grande Diego.

    • Diego González Says:

      Querido Brotha, cierto es que me sacas cuatro años y pico y que por entonces ya estabas en la adolescencia mientras que yo no había entrado ni siquiera en la categoría de infantiles de la liga de baloncesto local, pero precisamente eso jugó a mi favor, y el público aquí congregado sabrá juzgar

      Al ser yo mucho menos corpulento y más bien bidimensional, pude introducir mi tórax entre los asientos delanteros del coche y estirar el brazo más allá de lo que habría sido normal en otras circunstancias, mientras que tú, más corpulento, alto y pelirrojo, aunque esto último no venga a cuento, tuviste que conformarte con introducir el hombro en ese espacio.

      Así que yo gané. Lo siento. Tú ganaste en Australia por once años de ventaja y contando, pero Portugal es mío. MIOOOOOH MITESOROOOOH

  6. Javier F. Says:

    Nunca un trayecto tan aburrido fue contado con tanta frescura y originalidad. He disfrutado mucho leyéndolo. :)

  7. Carmen Says:

    Me ha encantado tu experiencia y la forma de contarla. Además, reconozco que siento cierta envidia. Vivo, por suerte o desgracia, rodeada de mar por los cuatro costados, y eso de conducir, de noche o de día, hasta cualquier lugar lejano, en mi caso, acaba siempre dando vueltas en círculo o aparcada frente al Mediterraneo. Es algo frustrante, por muy bonitas que sean las vistas desde el mirador de turno.
    Saludos

    • Diego González Says:

      Confieso que me costaría mucho vivir en una isla por eso mismo. No es que uno ahora coja el coche y se vaya, pero si quisiera, podría hacerlo (si quisiera que mi mujer llamara a la policía, claro). En una isla me daría cierta claustrofobia ni siquiera tener la posibilidad

      • tucumano Says:

        Me parece que con Australia pordrías hacer una excepción (Por favor, no repitamos la discución si es o no una isla… de facto no tiene fronteras que es lo que importa)

        • detodo1 Says:

          HOLA!!! :) YO PIENSO QUE ES ISLA Y NO CONTINENTE!! :)
          SALUDOS DESDE (MEXICO[AMERICA]) 7 HORAS ANTES QUE EN ESPAÑA

  8. jose luis Says:

    Como dijo Martin Scorsese: ¡Jo, que noche!, y qu tiempos aquellos cuando el diesel costaba 75 centimillos, cuando cundían los kilómetros

  9. Alejandro Says:

    Pues desde Astún hasta la frontera tuviste que caminar dos km por carretera que supongo que tendría nieve a ambos lados.

    Había una opción más sencilla si habías ido a esquiar. Algunos de los remontes, en su parte superior, quedan a apenas un centenar de metros de la frontera. Hay que hacer esquí de fondo (o caminar en verano) pero subiendo con telesilla en un paseo estás en Francia.

  10. Txomin Says:

    Muy bueno, enhorabuena, sólo te faltó encontrarte con Gurb, o quizás era algún guardia civil camuflado.
    La verdad es que no sabía porqué seguía este blog, ahora ya lo sé.

  11. trebede Says:

    Si algún día Eduardo Mendoza se digna a hacer una novela roadtrip, ten por seguro que su prosa parecerá que te la ha copiado. Me ha encantado tu narración de verdad.

    ¿Tu hermano es el ghran grandísimo Remo? :-OOOO

    Para que luego digan que la genética no cuenta

    Salu2 y unas birras frescas

  12. Dasten Says:

    Muy bueno…la de cosas tontas que puede llegar a hacer uno cuando se deja llevar por…el subconsciente.

  13. Augusto Moreno (@omorenomalaver) Says:

    excelente narración, que aunque hace bastantes años os leo, no deja de asombrarme, a sus pies andariegos su mas humilde lector.

  14. martincafe Says:

    ¿Has pasado el control de alcoholemia antes de escribir este artículo? ¿fuiste al psiquiatra/psicologo/compañero latin lover argentino después del arrebato?

    Dicen que todos los genios tienen que tener unas gotas de locura en su conducta, pero no se si lo tuyo es excesivo…aunque reconozco una envidia cochina,eso de dejarse llevar me cuesta un mundo.

    Posdata:Por supuesto tengo claro que Remo fue el primero que cruzó la frontera Lusa.

  15. lvps1000vm Says:

    Hay un usuario en Youtube que se dedica a hacer vídeos de rutas en carretera y que tiene grabado casi todo el recorrido de esta aventura (de día):
    http://www.youtube.com/user/verreme/videos?flow=grid&view=0

    Ronda litoral:

    Barcelona – Terrassa:

    Terrassa – Manresa:

    Manresa – Berga:

    Berga – Bagà:

    Y aquí otro usuario de Youtube que tiene el tramo Bagà – Túnel del Cadí:

    …sólo falta el tramo final hasta Andorra

    (Todo esto lo descubrí haciendo fronterismo en Youtube)

    • verreme Says:

      Un placer encontrar vídeos míos en tan ilustre blog, más aún si no soy yo el que los cuelga xD

      Me encantan estas entradas de batallitas. Yo también he tenido noches de estas, y también aspiro a ganar dinero para gastar gasolina cruzando fronteras. Mi coche todavía no ha cruzado ninguna. Todavía.

  16. mendigo trascendental Says:

    Magnífica entrada… me ha recordado mis propias aventuras, semejantes en cuanto espíritu, aunque diferentes en la forma; y está contado de lujo…
    Grande, grande
    xDDD

    PD. lo mejor, ponerte a leer a Heinlein a esas horas de la noche en Andorra, xDDD

  17. guguseti Says:

    Buena e interesante historia fronteriza…suerte que vives en catalunya y no en …canada…porque el pais vecino podria estar a mas de 4500 km de donde estas pero bueno.
    Me ha gustado la historia, y si la autopista de manresa es carisima. y su precio casi se dobla si vas en festivo, es decir si ya vale casi 3.5 eur…si vas un viernes sabado o domingo..o festivo..cuesta como 6 y pico si no recuerdo mal…el tunel del cadi…como bien dices casi 13…pero como soy bueno, te doy una alternativa, que te llevara haciendo lo que te gusta durante unos 30 min mas…que es ir por ponts, pillas a autovia hacia Lleida, (lo siento decir Lerida me hiere los oidos, como decir Gerona en vez de Girona, no es por radicalismos ni nada por el estilo…solo que me suenan raro) cuando llegues a Cervera (foneticamente Servera) sales por la segunda salida, que te indica tambien Guissona, Ponts, Andorra si no recuerdo mal…si vas justito de gasofa..pon en el Area de guissona, unos cuantos centimillos mas economica que en todo el resto del pais ( creo que como 8 o 10 que no esta mal), aparte el super de alli esta bien y a buen precio, pero vaya, lo dicho Autovia a lleida, salir en Cervera, camino a Guissona, Ponts y hacia Andorra, te ahorras unos 20 eur de peajes, disfrutas de 30 min mas de conduccion, y en Organya si paras puedes comprar un embutido de padre y muy sr mio..total te acabas de ahorrar 20 eur de peajes…asi que te puedes permitir 20 de embutidos.
    Muy divertida la historia….procedo a RT
    Saludos Jordi Perramon ” @guguseti “

    • Diego González Says:

      Jejeje. Conozco el recorrido alternativo y es el que he hecho casi siempre desde entonces. Suele haber menos atascos, incluso. Es algo más peligroso por los camiones y las cuestas que hay, pero lo prefiero con mucho. Yo suelo salir pasado Jorba (Yorba :-P), la carretera es más cutrilla durante unos cuantos kilómetros, pero también el camino es algo más corto, creo.

  18. guguseti Says:

    UN PELIN MAS CORTO…pero curvo…muy curvo al principio…si vas por Cervera (Sarvera :P) y guissona es muchisimo mas recto…sobretodo de (Sarvera) a Ponts….te ahorraras unas cuantas curvas, eso si..hay 2 o 3 rotondas asi que no te animes a pisar en exceso o te veo haciendo un recto en alguna de ellas.
    Otra posibilidad…pero larga es entrar al reves…por la francia francesa, pero es ir hasta puigcerda, cruzar la frontier…carretera hasta andorra (tramo final no de curvas si no lo siguiente y empinado no…lo siguiente, y desde ahi o por tunel de no se que , creo que es pimoreins o algo asi o por la carretera de toda la vida, interesante si no tienes nada mas que hacer…por las vistas, mas que nada

  19. Anuro Croador Says:

    Me hiciste recordar mi escasísima experiencia fronteriza, viajando desde mi natal Chile cruzando el río de La Plata desde Argentina hacia Uruguay (de noche y de día en distintos viajes) y la ciudad de Chuy-Chuí entre el mismo Uruguay y Brasil y su avenida fronteriza

  20. Ernesto de la Serna Says:

    Brillante y divertidísima entrada. Me habías contado alguna vez lo de esta escapada, pero ni de lejos con el nivel de detalle que has desvelado esta vez.

    Por cierto, desde ya, anticipándome a que hagas otra votación, dejo aquí constancia de que propongo un post dedicado a la médico rumana adicta a los bikinis con quien compartiste piso. Con fotos, si es posible.

  21. Pruden (Los apuntes del viajero) Says:

    Buena entrada Diego! Muy divertido este viaje iniciático. Yo soy de Barcelona y me he perdido también muchas veces con el coche sin sentido ni propósito. Curiosamente siempre hacia el norte. Curiosamente siempre por carreteras gratuitas jaja. Saludos!

  22. Rafael Merelo Says:

    Yo a veces siento ese cosquilleo de seguir el camino, bien sea en coche o andando. Lo que hago es irme a la cama en cuanto pueda hasta que se me pase XD

  23. Alvaro Says:

    Sublime¡¡¡

  24. Blog de Banderas Says:

    Diego, acabo de leer la entrada y he soltado una carcajada que creo que oyeron en la Polinesia apenas leí lo de la anormalidad de mi blog (y por ende mía también). Muchas gracias por el halago jajajaja. Un abrazo desde Bogotá y, como siempre, amé tu forma de escribir. Enhorabuena.

  25. María Says:

    Que risas me he echado! Ya sabía yo que la historia del viaje iba a dar mucho de si.Me ha encantado,y eso que ya me sabia la historia, pero contada así no tiene precio.

  26. Pablo Says:

    Qué envidia, aquí estamos a 1200 kilómetros de la frontera más cercana….

  27. ECEP Says:

    Confiésalo, toda la entrada es una excusa para colocar la imagen del abuelo borrachín.
    En cuanto a vivencias del mismo estilo Marruecos fue tambien mi primera frontera desvirgada (ando por el otro extremo). Y comprendo perfectamente tus problemas con las cuestas; el próximo con algo más de cilindrada.
    Por cierto, Ceuta seguía allí al menos hasta la semana pasada. ;-)

  28. tucumano Says:

    Diego:

    Es un placer leer tus “aventuras”. Tu léxico y prosa demuestra que sos una persona tanto culta como creativa. Con tu trabajo enriqueces nuestro idioma: “No hay límites para mis neumáticos” fue una frase que trajo a mi memoria aquel sentimiento de libertad de mi primer chevrolet corsa. (Lástima que las fronteras están muy lejos de Tucumán, sino, llevaba cebollas al Paraguay).

    Bueno, ahora hablando en serio, hay unas cuantas cosas para decir sobre esta entrada:

    Siempre me preguntaba por que te costaba tanto hacer una entrada sobre mi país: Argentina. Ahora veo que era fruto de los celos hormonales hacia aquél latin lover. Cuanta injusticia, ché (o no). Si el susodicho hubiera sido australiano, otra sería la historia

    Decís que Andorra era tu última frontera ibérica. ¿Y Gibraltar? ¡Ah! Cierto que son españolas.

    Seguí así.

  29. Pedro Says:

    Fantástica entrada, quizá de las mejores. Yo también he pensado más de una vez que si construyeran un puente sobre el estrecho de Bering no tendría límites. Bueno, y si unieran toda Indonesia por puentes, Singapur a esta, y otro puentecito sobre el estrecho de torres xD

    Ahora me queda esperar a terminar de sacarme el carnet.

    Sigue así, crack!

  30. Kafelnikov Says:

    Soltero y sin hijos ese viaje no tiene mérito. Ahora, con gente que te espera en casa, ¿te atreverías a hacer lo mismo?

  31. Jaime Says:

    Qué casualidad, tu coche es igual que el mio: un Citroën C3, del mismo color (yo lle llamo azul purísima) y de la misma edad: seis años, Sin embargo yo lo uso solo para ir de casa al trabajo y nunca he cruzado una frontera con él. Sin embargo, con un Ford Mondeo he hecho el tramo Estrasburgo-Gandía en un dia (turnándome con mi mujer), y con un Seat Exeo hice un viaje de un mes hasta Polonia, en el que crucé nueve fronteras: España-Francia (dos veces), Francia-Italia, Italia-Austria, Austria-Chequia, Chequia-Polonia (dos veces), Chequia-Alemania, y Alemania-Francia. Por cierto, al norte de Polonia, en la región de Warmia y Mazuria, se indica con carteles la antigua frontera de Prusia Oriental, que era entre Alemania y Polonia..
    Finalmente, de las fronteras españolas me falta la de Gibraltar, y las otras fueron al revés que tú, en este orden: Andorra, Portugal, Francia y Marruecos.

  32. Forestalx Says:

    Me recuerda a una historia que siempre cuenta mi tío. Años atrás, en la España del 600, una noche, estaba con un amigo en el pueblo en mitad de la estepa castellana. Vamos a tomar algo, dijo uno…y si vamos a la capital, dijo el otro…el caso es que cogieron el coche, y salieron del pueblo…y no acababan de encontrar donde “tomar algo”. Pararon cuando, al amanecer, llegaron al mar en La Coruña. :D

  33. guguseti Says:

    por cierto con mi coche actual, elhe cruzado en un solo viaje las fronteras españa francia, francia-montecarlo-francia, francia-italia, italia-suiza-italia…y vuelta en barco….que ya eran casi 3000 km a cuestas con tanta vuelta

  34. Josu Says:

    El artículo me ha recordado a Forrest Gump (con perdón). Después de morir su madre un día le dió por correr el tramo de su casa hasta la carretera, y ya que estaba ahí se animó al pueblo, y luego hasta la frontera del condado, estado, costa este, costa oeste, dos idas y vueltas “Coast to Coast” hasta que se cansó.

  35. muskarditz Says:

    Andar 2 km para meter una mano en Francia? Me parece poco aventurero.

    Mi primer pseudo-cruce de frontera, también la hispano-francesa, vino precedido de una caminata de varias horas, y lo protagonizaron unos cuantos centilitros de liquido dorado que, partiendo de una cima pirenaica, trazaron un grácil arco que les llevo precipicio abajo hasta tierras francesas.

    Es lo que tenemos los pobres, que no nos llevaban a Pirineos en invierno a esquiar, sino en verano a desgastar suela.

    PD: Acabo de llegar de viaje y tengo un par de fotos que podrían valerte, con poco trabajo, para una minientrada en el blog. Cuando me organice te las mandare.

    Es lo que te

  36. Ignacio Says:

    Diego, estás como una chota! pero molan tus historias.
    El otro día en madrileños por el mundo salió Leticia, la ciudad colombiana del Amazonas. Min 28,30:
    http://www.telemadrid.es/?q=programas/madrilenos-por-el-mundo/madrilenos-por-el-mundo-amazonas
    quizá te interese hablar sobre ese enclave donde en una ciudad hay dos países, Colombia y Brasil y en frente está Perú.
    Estuve por allí hace unos años y la selva me pareció agobiante.

  37. Jose Says:

    Muy bueno. En mi época de estudiante, en Cáceres, salí de marcha una noche con mi novia (ahora mi mujer) en mi AX y nos fuimos al pueblo de al lado, a Malpartida. La cosa se lió, se lió, y el siguiente recuerdo que tengo es 120km más allá, atravesando la frontera portuguesa en Marvao, dando la vuelta a la garita de la GNR (gracias, Dios mío, que el “guardinha” debía de estar durmiendo, posiblemente en su casa) y volviendo a España.
    Por cierto, yo tengo el huevo “enhaced” de color azul, un xsara picasso…

  38. telenauta Says:

    Una nueva entrada genial. Me toca directamente, ya que tengo familiares en Andorra, que hacen este trayecto todas las semanas. Solo una aclaración, eso de que el “cuyo exónimo español está muy extendido, como Tarrasa” es más bien discutible . El topónimo Tarrasa se usaba oficialmente durante la dictadura franquista, pero fué derogado en 1976. Hoy en día, es mucho más habitual decir “Terrassa” tambien en castellano, por lo menos, yo que soy de la zona lo he observado así. A mi personalmente de duele ver escrito “tarrasa”, suena raro y forzado.

    • Diego González Says:

      Bueno, no deja de ser una impresión mía, pero p.ej en la web de TVE aparece Tarrasa/Terrassa, y en algunos diarios aparece también así. No sucede lo mismo con Sant Boi o Cerdanyola, cuyos exónimos en castellano son infinitamente más marginales

      http://www.abc.es/20120307/sociedad/abcp-investigan-iman-tarrasa-incitar-20120307.html

      Buscando, además, calles con el nombre del pueblo, por toda España aparecen vías denominadas así, “Calle de Tarrasa”, y entiendo que se refieren a la ciudad catalana. De ahí mi impresión de que ese exónimo (que proviene del siglo XVIII, no del franquismo) está más extendido que San Baudilio o Sardañola

    • Diego González Says:

      Por ejemplo, “Calle de Tarrasa” aparece en Roquetas, Córdoba, Adra (Almería ambos), Soria o Colmenar de Oreja (Madrid). http://goo.gl/maps/4QOPy

      Entiendo que esta pervivencia es debida no sólo a que la pronunciación de Tarrasa en catalán y castellano es similar (que no igual) sino a que la ciudad es más grande y conocida que otras con exónimos que se hacen raros a los habitantes de allí, como las mencionadas antes, o Sant Quirze del Vallés (San Quirico de Tarrasa, precisamente)

  39. okioki Says:

    Muy buen artículo, y muy bien narrado.
    Llevo viendo el blog un tiempo pero es la primera vez que comento y es para dejar una noticia que acabo de leer y que estoy seguro de que ya conoces, pero por si acaso:

    http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/11/22/actualidad/1353586362_431760.html

  40. Alejandro Says:

    Di con tu blog por mero accidente al buscar rutas, me gustó mucho ya que yo inicié eso de agarrar carretera de una manera parecida, mi primer auto fue un Nissan Sentra, un viaje de 300 kms en una noche para llegar a una playa donde estuve un fin de semana y regresar de noche, nunca olvidare ese viaje. Me gustó mucho la forma en que narras. Saludos desde México.

  41. antonious Says:

    Nunca me cansare de leer tu blog Diego, hace unos años que lo sigo, se lo recomiendo siempre a mis amigos, utilizo algunos datos que descubri en tus post para hacerme el interesante y ligar…y oye que a veces hasta funcionan jejeje un saludo cordial desde tu ciudad natal, la cual me acogio hace unos años y me hace sentir como en casa, enhorabuena y gracias por tu blog!!!

  42. TOPONIMIA Y SEÑALIZACIÓN.¿EL NOMBRE HACE A LA COSA? PRIMERA PARTE.LOS TOPÓNIMOS CATALANES Y SU TRADUCCIÓN AL CASTELLANO. | CATALUÑA CON Ñ Says:

    [...] probablemente por falta de costumbre. Pasa lo mismo con el nombre en español (San Baudilio) de Sant Boi de Llobregat, pueblo natal de los hermanos Gasol. No sucede así sin embargo con otros topónimos catalanes, [...]

  43. @soyovejanegra Says:

    Espectacular. Lo que me he reído. Yo no se si será por el insomnio, o por que es la cuarta o quinta vez que repiten el telediario internacional en el canal 24h y ya me rayan, o porque, simple y llanamente, este es uno de los blogs que merece la pena seguir (aunque llegue a estos últimos post con evidente retraso). Feliz Navidad y no nos dejes, Diego.

  44. Gaizka Says:

    Me gusta mucho tu blog, pero esta entrada en concreto me ha encantado. Tal vez porque me ha hecho reír varias veces, tal vez porque alguna vez yo también he sucumbido a ese deseo irrefrenable de conducir sin rumbo, a donde me lleve la carretera. Un saludo y sigue así.

  45. nuri148 Says:

    Diego, como te habrás dado cuenta descubrí tu blog hoy y estoy enganchadísima (obvio que ya lo agregué al reader). Pero esta frase:
    “Dicen que si a medianoche enciendes velas y dices tres veces San Baudilio delante de un espejo se te aparece Pompeu Fabra y te da dos yoyas”
    Casi me hace escupir todo de la risa. Lo de la versión castellana de Sant Boi lo descubrí de casualidad hace unos años, en la partida de bautismo de mi abuela, como el lugar de nacimiento de mi tatarabuelo, y tuve que guglearlo, obvio, porque no tenía ni puta idea de dónde era.

    Decirte que esta entrada me ha causado sana envidia, porque eso de coger el coche y simplemente ir hacia donde lleve la carretera es uno de mis sueños aún no cumplidos. Igual tendría que empezar sacandome el carnet…

  46. karim Says:

    Acabo de descubrir este blog y voy leyendo las entradas una a una,es un domingo y estoy aburrido en casa,esta entrada me parece excelente,menuda manera de relatar una vivencia tan normal y corriente.

    Por cierto,saludos desde Tetuan,de donde hacías la compras.

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