Las carreteras más solitarias de la Tierra (I)

El anuncio titulado “Mano“, de la agencia SCPF para BMW, es probablemente uno de los mejores y más recordados de la pasada década. Expresa perfectamente la idea de conducción placentera, tranquila, agradable, una conducción que se disfruta. Esa clase de conducción que no tenemos cada día, cuando normalmente subirse al coche significa atascos, semáforos, humos y, muchas veces, mal humor. Esa clase de conducción de la que se disfruta especialmente en carreteras con poco tráfico, donde cruzarse con otro viajero se celebra casi como un acontecimiento. Hoy, en Fronteras, las carreteras más solitarias de la Tierra (primera parte).

Carretera en el Valle de la Muerte, California (© Jim Dollar)

10.- La carretera de Ulan Bator, Mongolia. Mongolia es la nación independiente con menor densidad de población de toda la Tierra. Poco más de dos millones y medio de personas (un 30% de ellas nómadas) se reparten una extensión de millón y medio largo de milómetros cuadrados. En todo el país sólo hay 2.500 kilómetros de carreteras asfaltadas, y todas ellas salen o llegan a la capital del país, que concentra un tercio de la población. La segunda ciudad más grande del país,  Erdenet, apenas alcanza los ochenta mil habitantes. Mongolia está formado casi en su totalidad por terrenos desérticos, estepas o zonas montañosas. Con semejantes mimbres no es de extrañar que las escasas carreteras asfaltadas no estén demasiado transitadas, ni siquiera durante los cortos veranos mongoles. En todo el país hay ciento cuarenta mil vehículos; más de la mitad de ellos están en la capital. En esas condiciones viajar por las carreteras mongolas es una aventura. Sólo las cuatro o cinco ciudades más grandes del país están conectadas a través de una carretera asfaltada. La más importante de todas, de hecho, une las fronteras china y rusa, pasando por la capital. Pero nada, o apenas nada más.  No hay gasolineras, servicios ni tampoco prácticamente pueblos. Tampoco hay vehículos de tracción a motor. Sólo algunos moteros se aventuran a cruzar semejante desierto (el del Gobi, concretamente), sin más ayuda que la que puedan procurarse ellos mismos, y tratando de esquivar el ganado que frecuentemente invade la calzada. Las carreteras están tan vacías como el propio país.

Sobre estas líneas, arco a la salida de Arvaikheer, en la que según dicen, es la única carretera decente del país (© Debbiev)  Debajo, la lengua de asfalto en mitad del campo. Las condiciones de la carretera no animan a grandes recorridos (© Frèdèric Journoud)

9.- La carretera del desierto, China. Al noroeste de China se encuentra el Desierto de Taklamakan, un gigantesco Sáhara de 270 mil kilómetros cuadrados de superficie (el tamaño del Reino Unido), un lugar árido, extremadamente deshabitado y cuyo subsuelo posee megatoneladas de petróleo. En 1993 comenzó la extracción del oro negro, lo que hizo necesaria una carretera que permitiera comunicar las extracciones petrolíferas con el mundo civilizado. Construir carreteras en mitad de un desierto de arena no es precisamente tarea fácil, por la fea costumbre de moverse que tienen las dunas. El asunto se resolvió instalando millones de plantas a los lados de la carretera y poniendo a un par de paisanos cada cuatro kilómetros a cuidar la línea verde que impide al desierto tragarse la carretera. En total son más de 550 km. de carretera con una única gasolinera en medio; nueve décimas partes de ella discurren por lugares únicamente habitados por los peones de la cuneta.

Más (1, 2)

Arriba, vegetación en las cunetas de la carretera (© jinyongcan). Debajo, una de las casitas azules en las que viven los encargados de mantenimiento. El tiempo máximo que se les permite estar allí es de dos años (© centralasiatraveller)

8.- La Carretera Transahariana, Argelia. La red de carreteras africana nunca ha destacado ni por su extensión ni por su calidad; pero existe un proyecto en marcha, auspiciado por la ONU, para conseguir unir a la práctica totalidad de los países del continente por carretera. Uno de los ramales más antiguos es el que une Argel y Lagos, la capital de Nigeria. Más de cuatro mil kilómetros, pavimentados en más de un 85%. El sur de Argelia es una zona muy poco habitada; la provincia de Tamanghasset, por ejemplo, con su medio millón de kilómetros cuadrados, apenas llega a los doscientos mil habitantes. Esa es la zona que cruza la Transahariana, más de mil quinientos kilómetros de desierto sin instalaciones en la carretera, sólo en los pueblos cercanos a ésta. Toda la carretera está asfaltada hasta la frontera con Níger, donde comienzan los únicos 200 kilómetros de tramo sin asfaltar de todo el recorrido. La zona es tan remota que el puesto fronterizo de Níger está a más de treinta kilómetros de la frontera real.

Dos imágenes de la Transahariana a su paso por Argelia (fuente).

7.- La Carretera del desierto de Atacama, Chile. El desierto de Atacama es el más seco del mundo. El algunos puntos la media anual de precipitaciones es cero. Durante siglos. Hay zonas donde lleva sin llover desde el siglo XVI. Aunque el desierto se extiende por Bolivia, Perú y Argentina, la parte central le corresponde a Chile. Una carretera nacional, la Ruta nº 5, cruza el desierto de norte a sur, con gasolineras cada 200 kilómetros. El principal enemigo del conductor es la monotonía; cientos de kilómetros a través de interminables rectas provocan numerosos accidentes. Las cunetas de la carretera, que forma parte de la famosa Panamericana, guardan sorpresas: decenas de animitas de carretera, pequeños mausoleos en memoria de los que se dejaron la vida en la cuneta.


Arriba, imagen de la carretera en el Desierto de Atacama. Debajo, una animita de carretera en memoria, suponemos, de un conductor de camión (© histeriadeamor).

6.- La carretera del oleoducto, Alaska, Estados Unidos. El 17 de octubre de 1973 la OPEP decidió iniciar un embargo petrolífero contra EE.UU. y sus aliados por su apoyo a Israel en la guerra del Yom Kippur. Fue el inicio de la crisis del petróleo; al dispararse el precio del crudo EE.UU. comenzó a sacarle partido a los campos petrolíferos de Proudhoe Bay, en el norte de Alaska. Para transportar el petróleo extraído de allí se construyó el larguísimo oleoducto de Alaska, una tubería de metro veinte de diámetro y 1.300 kilómetros de largo que recorre todo el estado hasta Valdez, en el sur. Paralela al oleoducto está la conocida como Dalton Highway, una carretera de 666 kilómetros de longitud construida para que los camiones pudieran alcanzar la costa ártica y para el mantenimiento de la larguísima infraestructura. A lo largo de toda la extensión del asfalto sólo tres pueblos permiten un breve descanso al viajero: Coldfoot (13 habitantes, kilómetro 281), Wiseman (22 habitantes, kilómetro 302) y finalmente Deadhorse, en el kilómetro 666. Durante gran parte del camino se está a más de cien kilómetros de cualquier cosa. Pese a ello, los chicos de Google se la han recorrido entera, y fotografiado en toda su arrolladoramente enorme extensión.

Vista de la Dalton Highway en Google Maps, con el oleoducto a la derecha. Clic en la imagen para ver más grande. Debajo, una señal bastante angustiosa (aunque esté en millas por hora) (© Steve Taylor).

El próximo día, más.

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42 comentarios to “Las carreteras más solitarias de la Tierra (I)”

  1. Roger Says:

    brutal, como siempre

  2. Fernando Blanco Says:

    No se si la teneis “en cartera” para próximas ediciones, pero el año pasado tuve el placer de dar la vuelta a Islandia en coche (1400 kms, mas o menos), y puedo aseguraros que hay tramos eternos, bucólicos y perfectos sin una gasolinera ni pueblo ni nada, solo alguna granja, con unos paisajes realemnte sobrecogedores.

    De hecho, es gracioso, en la isla puedes comprar un libro que se llama “50 thing to make in Iceland” donde una de las actividades es “Making love outdoor”, debido justamente a esas grandes extensiones inhóspitas (eso si: la actividad, solo en verano)

    • Pepe Says:

      Una carretera inolvidable: la 864 (Hólsfjallavegur), que casi se inicia con uno de esos maravillosos puentes islandeses de un solo carril sobre el Jökulsá a Fjöllum. También experimenté quince días de conducción en Islandia y sin duda fue un placer difícil de experimentar en otro país cualquiera de Europa. Maravillosa Islandia.

  3. Las carreteras más solitarias de la Tierra Says:

    [...] Las carreteras más solitarias de la Tierra fronterasblog.wordpress.com/2011/02/02/las-carreteras-mas…  por kirov hace 2 segundos [...]

  4. Las carreteras más solitarias de la Tierra | Noticias - d2.com.es Says:

    [...] » noticia original [...]

  5. videos de skate Says:

    No se si decir precioso o horrible, igual estaría mejor el paisaje sin las carreteras…

  6. Roger Says:

    La del Valle de la Muerte, en California, por lo menos una vez al año esta hasta arriba de gente: http://www.badwater.com/

  7. Joan Mira Says:

    Yo he cruzado toda Rusia y Mongolia en moto y es verdad que la única carretera decente de Mongolia es la que va de Ulan Baator hacia el lago Baikal.

    Más info en mi web (España – Japón en moto): http://www.rutasamurai.com

  8. Urkatu Says:

    Acabo de enamorarme de este blog. Me lo apunto en el mío. Saludos.

  9. Cecilia Says:

    Parecen salidas de historias de Stephen King.

    Me encantó!

  10. Noelthom Says:

    Excelente entrada Diego. Ya habías tocado el tema de la carretera del desierto de China y si que es impresionante.
    Siempre me he imaginado como son las carreteras en Rusia, digamos de Moscú a Krasnoyarsk o a Sajá. Aunque quizá me adelanto a la parte 2 cierto?
    Saludos

    • Diego González Says:

      Jejejejeje… efectivamente, Noel. El próximo lunes saldrás de dudas :D

      (De todas maneras en una de las entradas de “Por las carreteras del mundo” hablé de la carretera transiberiana, un espectacular recorrido de barro, mugre y desolación de nueve mil kilómetros…)

      • Noelthom Says:

        Cierto Diego, ahora lo recuerdo, que Vladimir Putin inauguró una parte pero había muchos tramos en los que solo era grava no?.
        Jajaja y dado tu fanatismo por el Outback Australiano es seguro que la Outback Highway aparecerá en este Top ten.
        Saludos

      • Diego González Says:

        No te quepa la menor duda, Noel. :)

        A ver quién adivina los cinco países que recorrerá la próxima entrada. No entra Corea del Norte :-P

  11. Tucumano Says:

    Buen post

    No sé por que preciento que en el top 5 estará Australia.

    Por otra parte sería interesante si es un castigo o un premio para cada pareja china vivir solitos en una cuasi luna de miel en la que todos los dias hay que regar algunos km de arbustistos

    ¿Cómo evitarán tener mas hijos de lo permitido por ley?

  12. Noelthom Says:

    Voto por Estados Unidos, Australia, Islandia, Rusia y… No sé, no sé, se me ocurre Brasil a través de la selva amazónica

  13. Diego González Says:

    Por cierto, he puesto el concursito en Facebook, por si alguien tiene ganas de apostar y tiempo libre :D

  14. Sendas Says:

    Muy buen post”””

    Yo voto pos Australia, china, mogolia, chile

  15. Las carreteras más solitarias del planeta | coches y autos Says:

    [...] Fronteras (un blog genial que, además, promete una segunda parte del [...]

  16. Forestalx Says:

    Voto por Australia, Rusia, Kazajstán, ARgentina y Canadá, probablemente la carretera que lleva a Yellowknife. Estados Unidos está cubierto con Alaska…

  17. Dugutigui Says:

    Otra de carreteras solitarias:
    .
    Alvin estaba medio congelado, a pesar de que en su interior ardía un sordo cabreo que le hacia maldecir su suerte.
    .
    — ¡Puto maricón! —gritó, para instintivamente echar un vistazo a su alrededor, por si alguien pudiera haber oído su políticamente incorrecto exabrupto.
    .
    Algo poco probable, dadas las circunstancias.
    .
    Eran alrededor de las tres de la mañana de una cerrada noche, encapotada y sin luna. La oscuridad era total, —Tan negra como los sueños de un viejo —pensó con desmayo. Y allí estaba él, de pie, con las manos profundamente enterradas en los bolsillos del anorak y en medio de la nada —a no ser que aquella sinuosa carretera de montaña, del interior de Iowa, pudiera ser optimistamente considerada como alguna parte del mundo civilizado.
    .
    La helada que estaba cayendo era de las que hacen época y la temperatura debía rondar los ocho grados bajo cero, lo que obligaba a Alvin a moverse nerviosamente de un lado para otro, tratando de reponer el calor que su cuerpo perdía indefectiblemente a través de su atuendo invernal; el cual, aunque apropiado para ir a comprar el periódico al quiosco de la esquina, distaba mucho de ser el vestuario ideal para hacer una expedición al polo norte. O pasar una noche al raso en el norte de Iowa en el mes de noviembre, lo que no debe distar mucho de las proezas del buen Admunsen.
    .
    De vez en cuando el aullido melancólico de un lobo se escuchaba a lo lejos, para después ser educadamente contestado por algún otro líder de manada, incapaz de conciliar el sueño, en alguna otra parte de aquellas tétricas montañas. Aunque para hacer honor a la verdad, el término “melancólico” no era el primero que le venía a la cabeza a Alvin en su actual situación.
    .
    — ¡Me cago en la leche puta! —murmuró, esta vez entre dientes, tal vez para no llamar más la atención de los amenazantes depredadores. Aun así, volvió a girarse para estar seguro de que no gozaba de ninguna indeseada compañía, acechando en la impenetrable oscuridad de la montaña que se elevaba a su espalda. No detectó nada, paro eso no le hizo sentirse, de ninguna manera, mejor.
    .
    — ¡Joder, que día de mierda! —recapacitó, tiritando, entre cabreado y nervioso. Y ciertamente aquel día no había sido el mejor de su vida. Había comenzado con la rotura de una biela del motor de su viejo y diminuto Honda, unas cuantas horas antes y unas cien millas más atrás de donde ahora se encontraba. Y aunque sus conocimientos de mecánica no iban más allá del cambio de un neumático, si fueron suficientes para hacerle comprender que el coche había decidido terminar su penosa existencia en aquel preciso instante y, de paso, estropearle completamente el día. Después vino la espera hasta que una amable ancianita, con una destartalada camioneta, unos labios carmín exageradamente pintados y una pegajosa conversación, se apiadó de él, lo recogió y lo condujo hasta la gasolinera más cercana. Y fue allí donde aquel inmenso camionero que, grotescamente, se estaba dando un festín de hamburguesas, patas fritas y café, se ofreció a llevarle hasta Forest City, el destino final de Alvin, a unas 300 millas de distancia de aquella apestosa cantina de carretera secundaria.
    .
    — ¡Maldito cerdo pervertido! —recordó, al tiempo que una involuntaria arcada trató de abrirse paso a través de su garganta, para morir, ahogada, en un baño de ácidos que inundó su boca. Y no fue producto de haber comido algo en mal estado, sino, más bien, del recuerdo de haberse despertado, en la cabina de aquel inmenso camión, con una extraña erección. Y con una inmensa mano peluda acariciando sus genitales. Aquel bruto de 150 kilos era capaz de conducir con una mano, pasarse la lengua por los labios, lanzar besitos, y agarrarlo por la entrepierna con la otra. Al mismo tiempo. Toda una demostración de multifuncionalidad; en otra circunstancias… — ¡Hijo de la gran puta! ¡Ojala te vayas por un precipicio con tu jodido camión-burdel! —Deseó Alvin con vehemencia, incapaz de recobrar la compostura.
    .
    Como era de esperar de alguien que no tiene planeado ampliar sus horizontes sexuales en un futuro cercano, Alvin exigió que parase aquel trasto inmediatamente y lo dejase allí mismo, petición que aquel cafre pareció meditar por unos minutos interminables. Y después de, aparentemente, decidir que no valdría la pena romperle el cuello a aquel blando blanquito de Forest City, el inmenso toro grasiento paró el camión y le permitió abandonar el vehiculo, no sin antes lanzarle un último besito, que casi hizo caer a Alvin desde al cabina.
    .
    Ahora, después de varias horas en las que no pasaba ni un solo vehiculo por aquella fantasmal carretera, Alvin no estaba tan seguro de que sería mejor: —Homosexual vivo o heterosexual, muerto por congelación. Y esa extraña disyuntiva aún consiguió arrancarle una leve y pasajera sonrisa a su aterido rostro.
    .
    No le duró mucho. El intenso frío y una densa niebla que comenzaba a rodearlo, le hicieron volver rápidamente a su cada vez más desesperada realidad.
    .
    Hacía mucho tiempo que Alvin había dejado de creer y aborrecía todo lo que —según él— atufaba a religión, pero, tal vez, por esas deformaciones educativas de la infancia que nos acompañan inexorablemente a lo largo del resto de nuestras vidas, se encontraba en este momento hablando con Dios. Lo penoso de su situación, sin duda, también contribuía a su actual confusión.
    .
    — ¡Dios mío, si pasara algún coche me colocaría en medio de la carretera y lo haría parar! —imploraba—. ¡Dios mío, si no me ayudas, no creo que llegue a mañana!
    .
    Y el coro de su plegaria parecía ser entonado por los cada vez menos melancólicos y más cercanos aullidos de los lobos, lo cual parecía inducir a Alvin a continuar con su letanía con más intensidad y devoción.
    .
    De repente, en medio de su espontánea oración, escuchó un sonido diferente, a varios metros de distancia, lo que puso todos sus sentidos —y la mayor parte de los pelos de su cogote— en estado de máxima alerta. Se quedó tan inmóvil como una roca y agudizo su oído, pero aun así no consiguió identificar la fuente del ruido, como un runrún, que se acercaba lentamente hacia él. No fue capaz de tomar una decisión y, por otra parte, aquel murmullo crujiente no parecía ni humano ni animal—aunque esto no le resulto, en absoluto, tranquilizante. De este modo, el pánico y la indecisión lo mantuvieron petrificado y clavado en el mismo sitio, al pie de la carretera.
    .
    La oscuridad y la ya impenetrable niebla hacían imposible distinguir nada más allá del alcance de la mano y el murmullo, por otra parte, aumentaba y se aproximaba inexorable hacia él.
    .
    Y de repente lo vio.
    .
    Justo a dos o tres metros, enfrente de él, un inmenso coche completamente negro comenzó a hacerse visible. El vehiculo discurría lentamente, sin luces y con el motor apagado; pero la extrema agitación de Alvin no le permitía evaluar estos pequeños detalles. Supo, con claridad meridiana, que o aprovechaba esta oportunidad caída del cielo, o mañana tendrían que recogerlo con la ayuda de un soplete.

    .Así que, cuanto el coche negro pasaba justamente por delante de él, Alvin abrió la puerta de atrás y saltó dentro.
    .
    — ¡Perdonen! ¡No se asusten! —Imploró, casi gritando— ¡No quiero hacer daño a nadie! ¡Solo deseo que me acerquen a la próxima gasol…! —y, de repente, se dio cuenta de que el gran coche negro estaba completamente vacío. De nuevo, su mente quedó en blanco, su cuerpo petrificado, sus pelos como alambres electrificados y sus manos agarradas con fuerza a los respaldos de los asientos delanteros. Eran sus ojos los únicos que bailaban a gran velocidad, tal vez, intentando encontrar una explicación a lo inexplicable. Y fueron sus ojos los que, a pesar de la deficiente visibilidad, fueron capaces de percibir que el vehiculo de dirigía directo hacia el precipicio, al final de la curva. Paralizado, sus uñas se clavaron aun más en el cuero de los asientos. Sabía que tenía que bajarse inmediatamente o moriría en el fondo del barranco junto con aquel ataúd negro de lata, pero no podía moverse. Y justo, en el último instante, cuando el vehiculo estaba a un par de metros del precipicio, un fantasmagórico brazo unido, en su extremo, a una huesuda mano —como suele ocurrir con casi todos los brazos— apareció de la nada y giro el volante, haciendo al vehiculo enfilar la carretera nuevamente.
    .
    Y no es que aquella mano huesuda le hubiese recordado aquella otra regordeta y peluda de hacía unas horas. No, no fue eso. De hecho su cerebro no estaba para rememoraciones ni razonamientos. Era ahora su medula espinal la que había tomado control de la situación con órdenes directas a los músculos. Así que Alvin abrió la puerta del gran coche negro, saltó fuera y empezó a correr y correr carretera abajo, como alma que lleva el diablo —nunca mejor empleado el término.
    .
    Nunca fue consciente del tiempo que estuvo corriendo. Tampoco prestó atención a sus pulmones a punto de estallar. Su única idea era poner tierra por medio de aquella terrible alucinación en forma de gran coche negro.
    .
    Finalmente distinguió una aureola brillante a la vuelta de una curva, que, al acercarse, se fue materializando en una gasolinera. Llegó allí gritando y haciendo aspavientos al único empleado que se encontraba detrás del cristal de la oficina. Este abrió la puerta y le invitó a entrar y calmarse.
    .
    Alvin no paraba de repetir la extraña historia del coche negro mientras que el empleado preparaba un café y lo miraba de reojo.
    .
    Finalmente, el café, la iluminación y la amabilidad del empleado empezaron a surtir efecto y Alvin comenzó a recuperar la compostura.
    .
    —No se preocupe —dijo finalmente el empleado—, al próximo coche que pare a echar gasolina, le pediré que le acerque hasta el pueblo, donde podrá pasar la noche. Ahora tómese el café y cálmese.
    .
    —Muchas gracias —consiguió balbucear Alvin. Y pasaron en silencio los siguientes minutos.

    .Al cabo de un rato una bocina indicó al empleado que un cliente necesitaba sus servicios. Este abandonó la oficina para regresar unos minutos más tarde.
    .
    —He hablado con los del coche de ahí afuera y están de acuerdo en acercarle al pueblo.
    .
    —Muchas gracias de nuevo —dijo Alvin poniéndose en pie y dirigiéndose hacia la puerta. Y al abrirla pudo claramente distinguir el coche negro.
    .
    Su cerebro ya había tenido demasiado. Gritando como un poseído empezó a correr de nuevo carretera abajo hasta desvanecerse en la oscuridad de la noche.

    Oooo000oooO

    Amos y Bertha, un apacible matrimonio de sexagenarios de Manson City, se encontraban cómodamente recostados en su amplio Cadillac Fleetwood negro del 68. Estaban realmente cansados, después de haber tenido que empujar el coche durante varias millas hasta la gasolinera al haberse quedados sin combustible. Y desde su cómoda posición pudieron ver a aquel loco salir de la oficina, gritando como un poseído y correr carretera abajo.

    — ¿No es ese el individuo que se subió en el coche cuando íbamos empujando? —preguntó Bertha a su marido.
    .
    —Creo que sí —dijo Amos—. El muy desconsiderado podría habernos ayudado.
    .
    Una Noche En Iowa – Dugutigui

    http://damantigui.wordpress.com/

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  19. Vunono Says:

    No recuerdo si junto a las fotos de las fronteras de mi viaje a Asia Central llegué a enviarte el relato de los tres días que pasamos atrapados entre Kirguizistán y Tayikistán por falta de transporte (tres o cuatro camiones al día, sin sitio para pasajeros), pero desde luego la carretera del Pamir se merece estar en el ránking…

  20. lxsplk Says:

    Que tal ? La verdad que me encanta tu blog, esta muy bueno y paso casi siempre, la verdad que son solitarias esas carreteras, seria bastante feo quedarse ahi, espero que puedas pasar por mi blog TuReceta.wordpress.com, podrás encontrar recetas faciles, rapidas y ricas para la gente que no esta acostumbrada a cocinar y para expertos .Un saludo grande

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  26. Arianovich Says:

    La carretera Dalton se volvio famosa por la serie de THC de los camioneros de hielo y de hecho 4 de esos conductores los llamaron para hacer 2 realities mas en Bolivia y en la India para manejar las carreteras de la muerte y el borde del Tibet.

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  32. Sabrosin Says:

    Esto lo vi en algún lado antes…. incluso con las mismas fotos…, espero que no solo copie y pegue, me gusta el blog, pero deberia decir las fuentes, gracias.

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  35. Paulina Says:

    Estimado:
    Necesito saber si tienes la imagen del desierto de atacama, que muestras en este articulo: Las carreteras más solitarias de la Tierra (I).
    En mejor resolución (1 mega aprox)

    Saludos y gracias desde ya

  36. Germán Waigel Says:

    Es curioso cómo la costumbre nos quita la capacidad de asombro, leyendo esta entrada veo que para otras personas una ruta de 600 km resulta extensa (bueno, si está totalmente deshabitada más bien que nos resultará muy larga), en tanto que en mi país es una distancia razonable para visitar unos cuantos lugares (por ejemplo, Bariloche es una ciudad muy concurrida turísticamente por la gente de Buenos Aires, y está a más de 1000 kilómetros), la ciudad de veraneo más concurrida es Mar del Plata, a unos 400 km de Buenos Aires y las tres ciudades más grandes están ubicadas sobre una recta imaginaria de unos 700 kilómetros. Hemos recorrido miles y miles de kilómetros sin ver la gran riqueza de esta nación, cosa que es una lástima.
    Por cierto, ya tenía muchas ganas de conocer Mongolia, pero ahora además me diste ganas de conseguir un auto cuando esté allá. Llevo tres horas devorando entradas de este blog, por Dios, que alguien me pare.

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