Poniéndole puertas al campo

El tamaño de las cosas es relativo. En España, y en la mayor parte de Europa, el pueblo de al lado es una localidad cercana, a la que se podría ir dando un paseíto en una agradable tarde primaveral. En Australia las cosas no son tan sencillas. Dos tercios de los casi ocho millones de kilómetros cuadrados del país son puro desierto (el Outback), y entre un pueblo y el de al lado puede haber cosa de cien kilómetros, si no más. Los términos municipales más grandes de España son los de Cáceres y Lorca (Murcia), con casi 1.800 km² el primero y más de 1.600 el segundo. Por comparar, el término municipal de Kalgoorlie, en Australia Occidental, tiene 95.000 kilómetros cuadrados de superficie (es algo más grande que Portugal) y Mount Isa, en Queensland, 42.000 (más o menos como Estonia o Dinamarca). Kalgoorlie es más grande que 90 países miembros de la ONU. En Australia hay unos 2.500 pueblos y ciudades en algo menos de ocho millones de km². Tocan a más de 3.000 km² de media. Para hacerse una idea, en España la superficie media es de menos de 70 km². En Australia las cosas son grandes.

Sólo en un país así podía existir la Dingo fence, o verja anti dingos. Un dingo es, básicamente, un chucho salvaje. Como todos los parientes del lobo, los dingos tienen cierta apetencia por la carne de otros animales. En Australia hay seis veces más ovejas que habitantes (120 millones contra 20, aunque la primera cifra es de 1998), así que los dingos tienen un montón de comida al alcance del colmillo, y los granjeros australianos tienen un gran problema. A finales del XIXla situación era parecida; los granjeros de Australia Meridional y Nueva Gales del Sur se habían hartado de practicar el tiro al dingo, y, si bien habían cuasi exterminado la especie en esos territorios a base de plomo, se hacía necesaria una solución a largo plazo. Así comenzó la construcción de la Dingo fence, una de las estructuras hechas por el hombre más largas de la Tierra, y, sin la menor duda, la verja más larga del mundo.

La verja anti dingos a lo largo de la frontera entre Queensland y Nueva Gales del Sur.

La valla, de dos metros de altura, se extiende a lo largo de tres estados cruzando el Outback, a través de montañas, ríos, carreteras y cualquier cosa que haya en su recorrido. Comienza en el estado de Australia Meridional, en la Península de Eyre, y continúa a lo largo de más de dos mil kilómetros hasta la frontera con Nueva Gales del Sur. La verja discurre por casi quinientos kilómetros sobre la frontera, hasta Cameron Corner, donde gira noventa grados y continua sobre la línea entre Nueva Gales y Queensland durante seiscientos kilómetros más. Tras abandonar la frontera, continúa durante otros más de dos mil kilómetros hasta terminar derca de un pueblo llamado Jimbour, Queensland, a poco menos de doscientos kilómetros de la costa del Pacífico.

Mapa de la verja anti dingos (click para ampliar).

Se desconoce su longitud exacta. Diversas fuentes elevan su longitud hasta más allá de los 8.000 kilómetros, pero la longitud más comunmente aceptada ronda los cinco mil. Que viene a ser la distancia por carretera entre Cádiz y Moscú, o el doble que la sección más larga de la Gran Muralla China.

Carretera (es una forma de hablar) junto a la Dingo fence, cerca de Cameron Corner.

Su construcción completa llevó varias décadas. Las primeras secciones de la valla se levantaron a finales del siglo XIX en Australia Meridional, y las últimas, en los años 50 en Queensland. Su mantenimiento también tiene bemoles. Las patrullas de control de la verja recorren unos trescientos kilómetros cada semana buscando agujeros, roturas o trozos caídos, y reparándolos. Dado que la valla cruza por lugares infinitamente apartados de cualquier cosa con un leve parecido a la civilización, muchas veces acampan en mitad del desierto durante la noche para seguir patrullando al día siguiente. El mantenimiento de la verja le cuesta a cada uno de los estados implicados cosa de un millón de dólares australianos al año.

Una puerta en el desierto. Para atravesar los caminos sin asfaltar del Outback se utilizan puertas como las de la imagen. Al otro lado hay chuchos.

Cada diez millas (unos dieciséis kilómetros) hay una puerta. A lo largo de la verja se instalan trampas y venenos para aumentar su efectividad contra los dingos, medida muy polémica y protestada por las organizaciones de defensa de los animales. Se pueden encontrar fotos de dingos muertos en la verja en algunas webs que denuncian la verja como una salvajada. El dingo, aseguran sus defensores, es un animal de la fauna australiana muy anterior a la llegada de los europeos, lo cual es cierto. Pero en el sureste de Australia es considerado una peste. Cada año mueren miles de ovejas a manos (o patas) de los dingos, y los propietarios de aquellas no tienen intención de dejarse comer el ganado.

Inicio (o final) de la verja anti dingos en Queensland, a doscientos kilómetros del Océano Pacífico.

El éxito de la verja ha sido parcial. Si bien los dingos no suelen atravesarla, aún se encuentran perros salvajes al sur de ella. Además, los conejos, una plaga bíblica en Australia, y los canguros, tienen menos espacio, y la verja ha aumentado la competencia por la escasa comida entre ellos.Hay voces que proponen invertir el dinero que cuesta mantener la verja en campañas de control de población (léase exterminio) del dingo. Pero por ahora la valla seguirá en su sitio, partiendo en dos un desierto, y poniéndole puertas al campo.

Cartel explicativo a quince millas (25 kilómetros) de Coober Pedy, en Australia Meridional, en mitad de la nada.

Si tienes ganas, menea esta entrada.

Para saber más (en inglés):

En la Wiki: Dingo Fence.

Vista de la verja en Google Maps, a la altura de Cameron Corner.

The Dingo Fence, en Pom Gone Walkabout.

Se pueden encontrar comentarios y fotografías en algunas crónicas de viajes por el Outback (1, 2, 3, 4, 5), y también una galería de fotos en Picasa.

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13 comentarios to “Poniéndole puertas al campo”

  1. Asdrubal Says:

    no me ire a domir sin saber algo nuevo, un saludo

  2. celebes Says:

    Lo que el hombre todavía no ha conseguido colonizar es la última morada de los animales en libertad.

  3. Adrian Vogel Says:

    Estoy con Asdrubal… Muy buen post, si señor. Enhorabuena y ¡gracias!

  4. jony Says:

    http://tdonba.wordpress.com

    http://sdponferradina.wordpress.com

    dejen comentarios en ambos.

    un saludo

  5. Ñbrevu Says:

    Joder, 5000 kilómetros de valla para contener perros salvajes. Menos mal que los dinosaurios ya se han extinguido, que si no…

  6. Poniéndole más puertas al campo « Fronteras Says:

    [...] Occidental. Su construcción, al igual que la de su hermana mayor al otro lado del país (la Dingo Fence), no fue sencilla. La verja cruza cientos de kilómetros de zonas deshabitadas, y la logística [...]

  7. Carolina Says:

    No es que quiera ufanarme de lo grande de América del Sur, pero en Chile -que no es que sea un país muy grandecito- tenemos en el norte, en el desierto, ciudades o pueblos que están a más de 500 kilómetros de distancia. Sin nada en medio, ni siquiera lugares de venta de gasolina, así que ya sabes lo que pasa si te quedas botado allí… Ahora imagínense Brasil…

  8. leonardo lugo, venezuela Says:

    yo habia visto varios programas sobre esta cerce espectacular y el dia que comente en mi trabajo todos me decian que eso era imposible y que yo habia escuchado mal o que estaba loco pero gracias a esta pagina tendre pruebas contundentes para mis compañeros de trabajo (osman oliva, carlos partidas, gribel reyes y jonni barrientos) que por lo visto son unos ignorantes

  9. La inevitable entrada del primer aniversario « Fronteras Says:

    [...] Poniéndole puertas al campo, sobre una verja de varios miles de kilómetros de longitud ininterrumpida a lo largo del desierto [...]

  10. oraculador Says:

    En Botswana existe algo parecido, hay varias vallas para separar el ganado de la fauna salvaje y evitar que se contagien enfermedades. Las llaman “Buffalo fence” porque están pensadas sobre todo para que los búfalos no se mezclen con las vacas. No sé cuál es su longitud, pero son grandecitas, aunque no tanto como esta australiana.

  11. En mitad de la nada (II) « Fronteras Says:

    [...] Poniéndole puertas al campo [...]

  12. Una Gran Duna Roja « Fronteras Says:

    [...] Poniéndole puertas al campo (y II) [...]

  13. Los muros que aún permanecen en pie (I) « Fronteras Says:

    [...] más. Si quieres ir matando el mono, puedes leerte estas dos entradas sobre verjas larguísimas: Poniéndole puertas al campo, y su segunda parte. Ambas en Australia. Rate this: Compartir es vivirFacebookTwitterLike [...]

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