Libros - Viajes con Charley

11-Mayo-2008 by Diego González

Viajes con Charley. En busca de América. John Steinbeck. Traducción de José Manuel Álvarez Florez. Península, Barcelona, 1998.

Cuando yo era muy joven y tenía dentro esa ansia de estar en otro sitio, las personas mayores me aseguraban que al hacerme mayor se me curaría este prurito. Cuando los años me calificaron de mayor, el remedio prescrito fue la edad madura. En la edad madura se me aseguró que con unos años más se aliviaría mi fiebre, y ahora que tengo cincuenta y ocho, tal vez la senilidad realice la tarea.

Así comienza el prólogo de este libro de viajes escrito por el autor de, entre otras cosas, Las uvas de la ira o La perla. El ansia de estar lejos-de-aquí es una enfermedad bastante incurable, que la mayoría padecemos, en mayor o menor medida. En 1962, a John Steinbeck, a los 58 años, el cuerpo le pidió recorrerse su país, Estados Unidos, de punta a punta. A lo largo de tres meses recorrió dieciséis mil kilómetros por carreteras secundarias de treinta y cuatro estados con Charley, un caniche francés, y Rocinante, la autocaravana que compró para la ocasión y que llevaba su nombre en un costado escrito con caligrafía española del siglo XVI. Según cuenta, durante todo ese tiempo nadie le reconoció ni una sola vez.

A lo largo del viaje, lo que en más ocasiones escuchó fueron dos cosas. Una, “Ojalá pudiera ir”, cuando le explicaba a los lugareños que conocía por el camino que estaba, simplemente, viajando, y otra “No viviría en Nueva York ni aunque me pagaran por ello”, tras leer las matrículas de la autocaravana. Steinbeck demuestra a lo largo de las páginas del libro que todo viaje sirve, no sólo para conocer otros lugares, sino para conocerse a uno mismo. Narra con parsimonia decenas de anécdotas, desde el otoño en Nuevo Hampshire a episodios segregacionistas en Luisiana. La mirada de Steinbeck no trata de ser objetiva, y precisamente por eso lo es.

Para conocer un país hay que haber contemplado sus paisajes y hablado con sus gentes, o esa debía ser la idea de Steinbeck. En el camino habló con vendedores, granjeros, camioneros, campesinos, y gentes, como él, de paso. A lo largo del libro queda claro que la uniformidad que muchas veces, desde Europa, se les atribuye a los americanos no es más que una distorsión grotesca, un muñeco de paja al que atizarle mientras se pierde de vista que un país de nueve millones de kilómetros cuadrados y trescientos millones de habitantes es tanto o más diverso que cualquiera de las naciones europeas.

Algunos de los problemas que Steinbeck encontró en su viaje de 1962 no han desaparecido actualmente, entre ellos las entretenidas, laberínticas y en muchas ocasiones absurdas leyes que rigen la entrada en cualquier país. Al intentar cruzar la frontera entre Nueva York y Ontario, o sea, entre Estados Unidos y Canadá, tuvo que dar marcha atrás por no llevar el certificado de vacunación de Charley. Lo curioso es que podía entrar tranquilamente en Canadá, pero en la aduana canadiense le advirtieron de que no podría volver a entrar en Estados Unidos, aunque el periodo de estancia en Canadá apenas fuera de unas horas, lo suficiente para recorrer el camino más corto entre Niagara Falls y Detroit. Al dar media vuelta, sin embargo, le pararon en la garita de entrada a Estados Unidos. Todos, en un aeropuerto, en una frontera o en una estación fronteriza, sentimos lo mismo cuando un aduanero nos invita amablemente a acompañarle. Desasosiego, y la sensación de que algo malo hemos hecho.

El relato del viaje es muy personal. Steinbeck dice, al principio del libro, que él, a sus 58 tacos, es un hombre, y no un bebé anciano. Esto se traduce en: “[...] he vivido siempre violentamente, bebido desmedidamente, comido demasiado o nada en absoluto, dormido veinticuatro horas seguidas o pasando dos noches sin dormir [...]“. Las páginas del relato están regadas con decenas de copas de whisky y cafés cargados con licor. La autocaravana iba cargada, entre otras cosas igual de necesarias, con botellas y botellas de cerveza, ron, ginebra o coñac. Un relato así, hoy, provocaría la inmediata intervención gubernamental por orden de la Dirección General de Tráfico.

Y es que hay relatos que hay que leer no sólo para conocer paisajes, sino para conocer al autor y para saber más sobre su época. Steinbeck, en todo el libro, narra un país cambiante, donde las aldeas se van convirtiendo en pueblos y los pueblos en ciudades, donde los negros comienzan a integrarse en los estados del sur, y el racismo blanco se opone con auténtica fiereza, donde la gente se compra autocaravanas donde vivir para poder aprovechar una oportunidad de trabajo lejos de casa. Un país enorme, raro y lleno de matices.

Mi nota: Muy bueno.

Para saber más: Javi Ruiz, en De estantería a portería, y JJ Merelo, en Atalaya, también escribieron en su día sobre el libro.

La última frontera de la Guerra Fría (I)

10-Mayo-2008 by Diego González

Oficialmente, la Guerra Fría terminó el 26 de diciembre de 1991. Ese día, el Soviet Supremo de la URSS reconoció públicamente que la Unión Soviética había dejado de existir, disolviéndose en dieciséis repúblicas independientes. Mijail Gorbachov había dimitido de su cargo un día antes, y a principios de mes casi todas las repúblicas soviéticas habían pactado la formación de la Comunidad de Estados Independientes. Pero la Guerra Fría había tenido muchos episodios calientes, que habían dejado su rastro por todo el mundo. El último frente de la Guerra Fría aún abierto no es otro que Corea.

La imagen de la cabecera de este blog está tomada en la frontera entre las dos Coreas. Esa frontera es posiblemente una de las más difíciles de cruzar del mundo. Defendida en ambos lados por cientos de miles de soldados y una cantidad aún superior de minas, separa dos mundos completamente diferentes, la próspera y dinámica Corea del Sur y la paupérrima, oscura y cerrada Corea del Norte.

Vista satelital nocturna de la Península de Corea. El norte, exceptuando la ciudad de Pyonyiang, permanece prácticamente a oscuras, en contraste con el iluminadísimo sur. La enorme mancha de luz cercana a la frontera es Seúl.

La frontera entre las dos Coreas quedó establecida tras el alto el fuego de 1953. La guerra de Corea enfrentó a las fuerzas de la ONU, capitaneadas por Estados Unidos, contra el ejército norcoreano, apoyado masivamente por China. Antes de la guerra, el paralelo 38 hacía de frontera de facto entre ambas Coreas. El armisticio de agosto del 53 supuso el final de los combates, pero, al menos técnicamente, no el fin de la guerra. Técnicamente Corea del Norte y Corea del Sur siguen en guerra, puesto que no han firmado tratado de paz alguno y, de hecho, ninguno de los dos países reconoce al otro.

Un poste señalizador de la frontera de facto entre las dos Coreas

La frontera entre ambas Coreas discurre a través de la conocida como Zona Desmilitarizada, o DMZ, por sus siglas en inglés. La DMZ tiene cuatro kilómetros de ancho, y 238 de largo. Está establecida a ambos lados de la Línea de Demarcación Militar, o, más claramente, de la línea del frente de guerra en la fecha de la firma del armisticio, en julio de 1953. El estado del frente en esa fecha marca la frontera de facto entre los dos países. La frontera está marcada a intervalos regulares con carteles puestos allí en los años 50, que se conservan entre mal y peor. El acuerdo de alto el fuego entre las dos partes estableció una franja de seguridad de dos kilómetros a ambos lados de la frontera, en la que no pueden establecerse posiciones militares, si bien se permiten patrullas militares, y, más recientemente, visitas turísticas.

Mapa de la DMZ entre las dos Coreas (en rosa). La línea negra dentro de ella es la frontera de facto entre ambos países.

Tres pueblos se encuentran dentro de la DMZ, uno a cada lado de la frontera y un tercero dividido entre ambos países, Panmunjeom. En la pequeña villa surcoreana de Daesedong-Dong sólo se puede residir con un permiso del gobierno, que la administra directamente, y únicamente se les concede a aquellos que tengan fuertes vínculos ancestrales con el pueblo. Daesedong se encuentra a cuatrocientos metros de la frontera, y a poco más de kilómetro y medio de Gijeong-Dong, la única localidad norcoreana en la DMZ. El pequeño pueblo norcoreano está habitado únicamente por soldados, y su existencia obecede únicamente a motivos propagandísticos. En la villa surcoreana hay un mástil de 80 metros de alto en el que ondea la bandera de Corea del Sur. Para contrarrestar el efecto, en la localidad del norte, el gobierno de Kim Il Sung instaló el mástil más alto del mundo, de 16o metros de alto, perfectamente visible desde el otro lado de la frontera. Según la orwelliana propaganda norcoreana, la localidad es conocida como la “Aldea de la Paz”. Las crónicas cuentan que un sistema de sonido emite 24 horas diarias de propaganda hacia el sur.

El mástil más alto del mundo. Dicen que, cuando llueve, la bandera norcoreana tiene que ser arriada, porque el mástil no soporta el peso de la enorme pieza de tela mojada.

El tercero de los pueblos fronterizos es, como ya se ha mencionado, Panmunjeom. Se encuentra a menos de un kilómetro de los otros dos, y es el lugar donde Estados Unidos y Corea del Norte firmaron las dieciocho copias del alto el fuego de 1953. El edificio donde se firmó aún permanece en pie en la parte norte de la frontera, y ha sido reformado para albergar el Museo de la Paz. A un kilómetro del pueblo se encuentra la Zona de Seguridad Conjunta, o JSA, por sus siglas en inlgés. En ese lugar, fuertemente vigilado, se encuentra el único punto de encuentro entre ambas coreas, la que es democrática y la que proclama serlo. Sobre la misma frontera se encuentra una serie de edificios azules en los que se reunen las autoridades del norte y del sur (por el sur siempre acude Estados Unidos, puesto que el norte no reconoce al gobierno de Seúl). La frontera parte en dos los edificios, y también las mesas de su interior, para que los representantes de ambos países se encuentren en el territorio de su competencia.

Sobre estas líneas, soldados norcoreanos en la Zona de Seguridad Conjunta. La frontera exacta está junto a los soldados del fondo, representada por el bordillo que cruza de un edificio a otro. Debajo, visto desde el otro lado de la frontera, soldados surcoreanos y estadounidenses vigilan la frontera. La imagen se puede ver mucho más grande pinchando aquí.

A ambos lados de la frontera se organizan excursiones para visitar la JSA. Una de las primeras condiciones que se imponen para apuntarse es no beber, puesto que cualquier incidente, por nimio que sea, puede provocar un enfrentamiento armado. Otra de las normas a seguir es no salirse jamás de la zona asfaltada. A lo largo de la frontera yacen varios cientos de miles de minas antipersona, por lo que un paseito por el bosque es garantía de no volver entero. Las excursiones desde Seúl (que está a apenas 50 kilómetros de la frontera norcoreana) permiten a los turistas entrar en los edificios divididos. Estos edificios sólo tienen dentro personal de Corea del Sur, por lo que se permite cruzar la raya que los divide y pasar a Corea del Norte, aunque sólo sea unos metros. La salida hacia el régimen comunista está vigilada por soldados surcoreanos.

Interior de uno de los edificios en la JSA. La foto está tomada desde territorio surcoreano. La frontera cruza exactamente por el centro de la mesa en el centro de la imagen

El lunes,más.

La soledad del corredor de fondo

7-Mayo-2008 by Diego González

Siempre he pensado que los maratonianos están hechos de otra pasta distinta a la del resto de los mortales. Uno, que se asfixia cada vez que tiene que correr para que el autobús no se escape, y que se agota subiendo cuatro pisos de escaleras, se echa a temblar cuando piensa en 42 kilómetros, uno detrás de otro, de asfalto. Pero se me ocurre algo peor. Que la carrera no sea sobre asfalto, sino sobre tierra, nieve, hielo o arena del desierto. Y que además no sea de 42 kilómetros y pico, sino de 50. O de 75. O de 100. Hoy daremos un garbeo por las carreras más duras, extrañas y exóticas del mundo.

Una de las carreras más duras imaginables es la maratón de montaña. A la longitud del recorrido se añaden los enormes desniveles a salvar a lo largo de la carrera. En el pico más alto de Europa se disputa la Maratón del Mont Blanc, una carrera en la que los participantes deben salvar un desnivel de más de mil metros… dos veces. El recorrido pasa cerca del trifinium entre Suiza, Francia e Italia, por cierto. El récord de la carrera está por encima de las tres horas (la mejor marca en la maratón tradicional está muy poco por encima de las dos). Pero tanto mérito o más que los que acaban primeros tienen los que acaban como farolillo rojo. El año pasado los dos últimos en llegar a la meta fueron Peter y Moira Reed, dos británicos que terminaron la prueba en 8 horas y 40 minutos. Pero llegaron.

Pero para maratón de montaña bestia, bestia, la Maratón del Everest. Para acostumbrarse a la falta de oxígeno los participantes deben viajar 25 días antes a Katmandú; la salida está a más de cinco mil metros de altitud y la meta a más de tres mil. Sólo siete personas han conseguido acabarlo en menos de cuatro horas, y sólo una de ellas no era nepalí. Varios de los poseedores de los mejores registros se apellidan Sherpa, cosa no demasiado sorprendente. El farolillo rojo de la última edición llegó a la meta ocho horas más tarde que el vencedor. La Maratón del Everest es la más alta del mundo según el Libro Guiness. Pero no es la única que se disputa en el pico más alto del planeta. La Maratón Tenzing Hillary parte del campo base del Everest, a 5.365 metros de altura, y es aún más dura. En esta el dominio local es abrumador. Siempre ha ganado un nepalí tanto en categoría masculina como en la femenina.

Corredores en la Maratón Tenzing Hillary saliendo del campo base del Everest.

Las maratones del Everest se disputan, lógicamente, en los meses cálidos, mayo o Junio. Y también tiene su lógica que en países como Egipto las carreras no se disputen en pleno verano. En el mes de noviembre se celebra la Carrera de los Faraones, una ultramaratón cuyo recorrido de 100 kilómetros pasa por la pirámide de Kefrén. La idea de semejante palizón se tomó de una tablilla de veinticinco siglos de antigüedad en la que se relataba cómo los soldados del faraón corrían una distancia similar para mantenerse en plena forma antes de una inspección. La persona que menos tardó en recorrer la distancia en la última edición iba en silla de ruedas. Se demoró casi siete horas, por las casi nueve que tardó el primer corredor en llegar. Sólo siete personas finalizaron la prueba; los tres últimos tardaron once horas y media en hacerlo.

Un corredor de la Carrera de los Faraones ante la pirámide de El Shet, en el kilómetro 85 de la prueba. © Howard White

Aún más caluroso que en el Cairo es el tiempo en el desierto del Sáhara. La Maratón de las Arenas (o Marathon des Sables) es una terrorífica carrera que se disputa en el Sáhara marroquí. A lo largo de siete días, los corredores (más de 800 en la carrera de este año, entre ellos el ex jugador de Madrid y Barça Luis Enrique) se meten entre pecho y espalda la friolera de 240 kilómetros de arena y dunas, con temperaturas que normalmente sobrepasan los 40ºC a la sombra. En la última edición el vencedor, un marroquí, marcó un tiempo de algo más de 19 horas a lo largo de los siete días de competición. De los que llegó, el último fue un heróico japonés que tardó 76 horas en completar el mismo recorrido, cuatro veces más que el ganador de la carrera. Viendo las imágenes de los corredores, lo asombroso es que alguien la acabara.

¿Hormiguitas en la playa? No, corredores de la Maratón de las Arenas

Tanto calor no puede ser bueno. Pero tampoco debe ser bueno el frío extremo. Y eso es lo que uno se puede encontrar en el Maratón del Círculo Polar Ártico, que se celebra en Groenlandia. 42 kilómetros entre glaciares y nieves perpetuas, con temperaturas bajo cero en gran parte del recorrido, y pistas cubiertas de nieve en otros tramos. Ningún ganador ha bajado de las tres horas de carrera, y los últimos suelen tardar más del doble.

Un paseo a través del fresquito matutino groenlandés.

Pero para encontrar un maratón fresquito, fresquito, lo mejor es ir tan al norte como sea posible. De hecho, tan al norte como las matemáticas permiten. La Maratón del Polo Norte está registrada en el Libro Guiness como la carrera más septentrional del mundo, récord que nunca podrá ser batido, por razones más que obvias. Las temperaturas, pese a que el sol no se pone durante toda la carrera (bueno, en realidad no se pone hasta varios meses después de la carrera) rondan los 30º C bajo cero. La edición de este año, que se disputó el pasado 1 de abril, fue ganada por un coreano que marcó un tiempo de poco más de cuatro horas. Algo impresionante si se tienen en cuenta las brutales condiciones en las que se disputa la carrera, y la impedimenta que los participantes están obligados a llevar. La Maratón del Polo Norte es, además, la única maratón del mundo que se disputa íntegramente sobre agua. Sobre las aguas congeladas del Océano Glacial Ártico. Las inscripciones para la próxima edición, en abril de 2009, ya están abiertas. ¿Alguien se apunta?

Un corredor bajo el sol de medianoche en el Polo Norte.

Al otro lado del mundo, en la Antártida, también se celebran maratones. La Isla del Rey Jorge (o Isla del 25 de mayo para los argentinos) acoge la Maratón de la Antártida, que comenzó a celebrarse en 1995. El recorrido, íntegramente a temperaturas bajo cero, y con un viento espantoso que rebaja aún más la sensación térmica, pasa por las bases chilena, china, rusa y uruguaya en la isla. La edición de este año fue ganada por un polaco que corrió los 42 kilómetros en poco más de tres horas.

Pero la Isla del Rey Jorge está a 62º de latitud sur. Es decir, no está dentro del Círculo Polar Ártico, por lo que no hay sol de medianoche, ni noche de seis meses. No está mal, pero no es la Antártida pura. Para correr en el continente antártico hay que apuntarse a la Maratón de los Hielos, o Ice Marathon. La carrera se disputa a 80º de latitud sur, a poco más de 1.100 kilómetros del Polo, en mitad de la más inconcebible de las nadas, con vientos de 40 kiklómetros por hora, y temperaturas máximas de diez grados bajo cero. En esta clase de pruebas, la ceguera de las nieves, la hipotermia y las congelaciones son enemigos mucho peores que los 42 kilómetros de recorrido. Pero hay quien los recorre. Y no sólo eso. Además de la maratón, simultáneamente se disputa una carrera de cien kilómetros a través del hielo. En las tres ediciones disputadas sólo ha habido un participante, que, a falta de contrincantes, competía contra sus propios límites. El récord de la prueba está en menos de 16 horas. En el año 2005, el irlandés Richard Donovan, organizador de la prueba, fue la primera persona en recorrer 100 kilómetros corriendo a través de los hielos antárticos, marcando un registro aún imbatido. Más impresionante aún es la gesta del singapurense William Tan, que es la única persona que ha terminado una maratón antártica en silla de ruedas.

Sobre estas líneas, dos corredores en la soledad antártica. Debajo, el corredor de Singapur William Tan, que en diciembre de 2007 completó los 42 kilómetros y 195 metros sobre el hielo en 9 horas y 48 minutos.

Como decía al principio, los maratonianos están hechos de otra pasta. Para los más enajenados de ellos se fundó el Club de los Siete Continentes. Su propio nombre lo dice todo. Al club sólo pueden acceder aquellos que hayan corrido al menos una maratón en cada uno de los siete continentes (contando América del Norte y del Sur como dos continentes distintos). Hasta ahora, 131 hombres y 41 mujeres han accedido a tan selecto club, entre ellos, cuatro españoles.

Para saber más:

Esta entrada está inspirada en el libro Filípides era vikingo, que contiene una lista de las carreras más duras y remotas del mundo, y cuyo autor corrió la Maratón del Círculo Polar Ártico en Groenlandia.

Cuerpos al límite, en el diario Público, artículo en el que se habla, entre otras cosas, de la Maratón de las Arenas.

Maratones Polares (PDF, 5 MB), un artículo de la revista española Corricolari.

La escala del mundo

4-Mayo-2008 by Diego González

El primer contacto de la mayoría de los niños con la vastedad del planeta Tierra suele ser un mapamundi sobre la pared del aula escolar. A través de esos mapas, los críos más curiosos pueden descubrir dónde están ciudades como Nueva York, el tamaño de países como Rusia, y, también, en el caso español, que nuestro país está en el centro del mundo mundial (cosas de que el meridiano de Greenwich pase por la Nacional II). Ya tendrá tiempo de desilusionarse al respecto.

Los mapas que, cuando yo era crío, veía en los libros de texto y en las paredes de mi clase, tenían algo raro. Yo sabía que Groenlandia era mucho más pequeña que Australia, pero en esos mapamundis la isla ártica aparecía bastante más grande que el continente australiano. El problema es, simplemente, que es imposible representar fielmente una superficie esférica, como la de la Tierra, en una rectangular.

La proyección más usada en los mapas es la Mercator, en la que está basada el mapa sobre estas líneas. Toma su nombre de Gerardo Mercator, un cartógrafo belga que vivió en el siglo XVI.El problema de cualquier mapa es que es matemáticamente imposible representar fielmente una superficie esférica sobre una plana. Cualquier mapa debería respetar dos medidas; el área, y los ángulos, es decir, las formas de los continentes. Pero, como decían en el anuncio de Kinder Sorpresa, no puede ser, son tres deseos. Uno se puede intentar aproximar, pero nada más.

La proyección de Mercator respeta los ángulos (es decir, que los paralelos y los meridianos se cruzan siempre en ángulo recto), y, por tanto, no hace lo propio con las áreas. Es una proyección cilíndrica. En la Wiki explican muy bien cómo funciona, aproximadamente:

La proyección se basa en el modelo ideal que trata a la tierra como un globo hinchable que se introduce en un cilindro y que empieza a inflarse ocupando el volumen del cilindro e imprimiendo el mapa en su interior. Este cilindro cortado longitudinalmente y ya desplegado sería el mapa con proyección de Mercator.

La principal ventaja del mapa de Mercator es que permite trazar sobre él trayectorias loxodrómicas, es decir, que una línea recta en el mapa equivale a una trayectoria con rumbo constante en la realidad, algo muy útil para la navegación. En la zona central del mapamundi la cosa funciona más o menos bien. El problema es que, al acercarse a los polos, los paralelos son cada vez más cortos, y, sin embargo, en el mapa se representan de igual longitud que el propio Ecuador, algo necesario para mantener los ángulos rectos. El Ecuador mide 40.076 kilómetros de longitud (más o menos), el paralelo 70*, 13.706, y el paralelo 80, 6.958. El extremo norte de Groenlandia, el cabo Morris Jesup, se encuentra a una latitud de 83º37′ N. A esa distancia del Ecuador, la circunferencia de la Tierra mide tan solo 4.626 kilómetros. Pero se representa como si midiera nueve veces más. Se comprende, pues, la enorme distorsión de la proyección Mercator, que representa Groenlandia tan grande como África, cuando es catorce veces más pequeña.

Sobre estas líneas, a la izquierda, comparación entre Groenlandia y África. Groenlandia tiene algo más de dos millones de km²; África sobrepasa los 30. A la derecha, comparativa entre Europa y Sudamérica. Europa tiene una superficie de poco más de diez millones de km². América del Sur sobrepasa los 17 millones.

Mapamundi realizado con la proyección de Mercator. Como es fácil comprobar, la distorsión de las áreas a partir del paralelo 60, tanto al norte como al sur, es enorme. Por esa razón casi nunca se publican mapamundis que muestren la Antártida. El continente helado es un 40% más grande que Europa, pero en este mapa aparentemente es casi tan grande como el resto de continentes juntos.

El primer mapa de Mercator dejó para la posteridad la habitual distribución de los continentes en los mapas. Europa y África en el centro, Ámerica al oeste, y Asia y Oceanía al este. Las exploraciones del Ártico del siglo XVIII, sin embargo, pusieron en evidencia sus enormes limitaciones. Por lo que comenzaron a aparecer nuevas maneras de realizar los mapas que respetaran más la escala y las formas. Una de ellas es la proyección sinusoidal; al contrario que la Mercator, guarda la correspondencia en las áreas, pero no en los ángulos y las formas. Los paralelos decrecen de tamaño proporcionalmente a su latitud, tal y como lo hacen en el mundo real. El problema es que al respetar las proporciones y las áreas, no respeta los ángulos, y, por tanto, las formas están muy distorsionadas, no sólo en latitudes altas, sino también en las zonas no centrales del mapa.

Sobre estas líneas, mapamundi realizado con la proyección sinusoidal. Una manera de evitar la distorsión propia de este tipo de proyección es establecer varios meridianos de referencia y partir el mapa. El resultado se puede comprobar en la imagen de debajo, realizada por primera vez por John Paul Goode.

A principios del siglo XIX el matemático alemán Karl Mollweide creó la proyección que lleva su nombre. En esta proyección las referencias son el Ecuador y un meridiano central, normalmente el de Greenwich. La Tierra completa se representa en una elipse de proporciones 2:1, formando los meridianos 90º este y oeste un círculo perfecto. Al igual que sucede con la proyección sinusoidal, la Molleweide respeta las áreas (es equiareal), pero no las formas, especialmente en las zonas alejadas del centro del mapa. Aún así, da una visión de conjunto bastante buena:

Mapamundi realizado con la proyección de Molleweide. Los territorios situados en los bordes del mapa se reprsentan muy distorisionados. Ver, por ejemplo, Nueva Zelanda, Alaska, o la zona oriental de Rusia.

Las proyecciones sinusoidal y Molleweide son pseudocilíndricas. La principal característica, grosso modo, de ambas, es que los paralelos se representan como su propio nombre indica, paralelos. Basándose en ellas, a principios del siglo XX Alphons Van der Grinten creó una proyección que, si bien no respeta ni los ángulos ni las áreas, se hizo muy popular al convertirse en la proyección de referencia para la National Geografic Society entre 1922 y 1988:

Mapamundi realizado con la proyección de Van der Grinten

En esta proyección tanto los paralelos como los meridianos son arcos de circunferencia. Ni las formas ni las áreas son representadas fielmente, pero, al estar inscrita en un círculo, da una apariencia de realidad que otras proyecciones no tienen. Eso sí, la distorsión es enorme, casi tanto como en la Mercator, como muestra el enorme tamaño de Groenlandia en comparación con el resto del mundo.

Otra manera de representar la superficie terrestre dentro de un círculo es la proyección azimutal. Básicamente consiste en trasladar a un plano una vista cenital del globo terráqueo. Para mapas regionales (por ejemplo, de las islas del Pacífico) funciona bastante bien, pero representar con ella la Tierra entera da un resultado sorprendente:

Proyección azimutal de Lambert. Esta proyección en concreto es equiareal, pero, a cambio, distorsiona hasta hacerlos casi irreconocibles los territorios situados en los bordes del mapa.

Como una evolución de la proyección de Lambert apareció, en 1921, la Winker tripel, una variante que no se inscribe en un círculo, ni tampoco en una elipse de proporción 2:1, sino en la media aritmética de ambas. Creada por Oskar Winkel, Se ha dicho de ella que es la mejor proyección jamás creada, y desde 1998 la National Geografic la ha adoptado como su proyección de referencia :

Proyección Winkel tripel o Winkel III.

Sin embargo, otras proyecciones fueron muy populares a lo largo del siglo XX. Una de ellas fue la creada por el cartógrafo americano Arthur Robinson, que fue la usada por la National Geografic entre 1988 y 1998. En lugar de estar realizada a partir de ecuaciones matemáticas, como todas las que hemos visto hasta ahora, fue construida mediante una tabla de coordenadas cartesianas. Dicho de otro modo, de manera casi artesanal. La Rand McNally, la compañía que le encargó el trabajo, quedó encantada, y a partir de los años sesenta publicó sus atlas y mapas con esta proyección. Los mapas realizados con ella no son equiareales, y, como se puede ver en la imagen inferior, tampoco son fieles a las formas (los paralelos son rectos, pero los meridianos no), y además los polos son mostrados como una línea en vez de como lo que son, un punto, pero la proyección Robinson ganó suficiente fama como para convertirse en el estándar de muchas publicaciones durante los años sesenta y en adelante.

Proyección Robinson

Y también en los años sesenta fue creada la Proyección de Peters, quizá la más polémica de todas. Arno Peters, un historiador de origen alemán, presentó en 1973 una variante de la proyección creada por el científico inglés James Gail un siglo antes. Peters argumentaba que la proyección Mercator exageraba el tamaño de los territorios cuanto más al norte del Ecuador, por lo que, por un lado, los países en vías de desarrollo, situados mayoritariamente alrededor de aquel, aparecían más pequeños de lo que eran en realidad, y, por otra parte, al eliminar la parte del mapa al sur del paralelo 60 (ahí abajo sólo está la Antártida), Europa y Estados Unidos quedaban sospechosamente centrados en el mapa. Así que lanzó su propuesta, en la que, al contrario de lo que ocurre en la proyección Mercator, los paralelos están más separados entre sí cuanto más cerca del Ecuador:

Mapamundi de Gall-Peters

La Proyección Peters no tenía nada de especial. Aún siendo equiareal no suponía ninguna mejora en la fidelidad a las formas de los continentes. Estaba basada en una proyección creada un siglo antes, y que ya entonces había pasado sin pena ni gloria. Las distorisiones en las zonas polares y ecuatoriales son enormes, además. Pero Peters atacó a las sociedades geográficas y cartográficas con el argumento del “Imperialismo cartográfico”, y su proyección, eminentemente ideológica, tuvo cierto éxito en la industria editorial y en los libros de texto en un momento en el que el antiimperialismo estaba en auge. Los partidarios de Peters afirmaban que ninguna proyección hasta ese momento había considerado representar el mundo en su verdadera escala respetando las áreas de cada zona, lo cual, como hemos visto aquí, era falso. La mayor parte de las sociedades cartográficas americanas, ante el éxito de la maniobra de Peters, emitieron finalmente un comunicado en el que rechazaban no sólo la proyección de Peters, sino también cualquier mapamundi rectangular, lo cual incluyó a los realizados con la proyección Mercator. Sin embargo, el mapamundi de Peters siguió apareciendo en muchos libros de texto y colgando de las paredes de muchas aulas hasta bien entrados los ochenta, y todavía, de vez en cuando, hay quien lo plantea como alternativa.

*Para calcular la longitud de un paralelo cualquiera, se toma la longitud del Ecuador (40.076 km) como base. La longitud de un paralelo dado es el coseno de su latitud por la longitud del Ecuador. Así, por ejemplo, el paralelo 60 mide:

cos (60º)*40.076 = 0,5*40.076 = 20.038 km.

Para saber más:

Proyección Peters, en Una breve Historia, blog recomendado por las autoridades sanitarias y culturales.

Actualización: Aumenta tu karma meneando este artículo. O algo.

Sobre vuelos muy largos, muy cortos, y viajes en el tiempo

30-Abril-2008 by Diego González

Desde que los hermanos Wright consiguieron levantar del suelo una máquina más pesada que el aire hasta que que se programó el primer vuelo regular de la historia pasaron 11 años, los que van de 1903 a 1914. El 1 de enero de ese año, un hidroavión llamado Safety First (La seguridad, lo primero), pilotado por Tony Jannus, y con un solo pasajero, Abraham C. Pheil, voló entre San Petersburgo y Tampa, dos ciudades del estado de Florida. El señor Pheil pagó 400 dólares de la época por ser el primer pasajero de una línea aérea regular. La línea duró cuato meses, con unas tarifas de 5 dólares por trayecto, y dos vuelos diarios de ida y vuelta. El trayecto de 35 kilómetros se cubría en veinte minutos. En total se transportaron 1.204 pasajeros, sin un solo incidente.

Jannus y Pheil posan ante el primer avión que realizó vuelos comerciales, en 1914.

Mucho ha llovido desde entonces. A día de hoy las distintas líneas aéreas operan más de setenta mil vuelos diarios en todo el mundo, que transportan a más de seis millones de pasajeros de media. En poco más de veinticuatro horas se puede alcanzar tranquilamente el otro extremo del mundo, si bien no existe ningún vuelo sin escalas tan largo. ¿Y cuál es el vuelo sin escalas más largo del mundo? A ello íbamos.

Singapore Airlines es la compañía de bandera del pequeño estado de Singapur. A finales del año pasado salió en los medios por ser la primera línea aérea en estrenarel mastodóntico Airbus 380. Y es esta compañía la que tiene el récord del vuelo regular más largo, en distancia y en tiempo, del mundo, entre el aeropuerto neoyorquino de Newark y el de Singapur. En total son 16.600 kilómetros de recorrido, que se cubren en algo más de 18 horas y media de vuelo en un Airbus A340. El viaje inverso dura quince minutos menos, y recorre 15.700 kilómetros. La diferencia entre uno y otro es debida a las corrientes en chorro, o jet stream, que, básicamente, empujan o frenan al avión en su trayecto. Ambas rutas, la de ida y la de vuelta, son rutas transpolares. Dado que la Tierra es una esfera, el recorrido más corto es atravesando el Círculo Polar Ártico.

Ruta entre Singapor-Changi y Newark. Pasa apenas a cien kilómetros del Polo Norte geográfico. Imagen de Great Circle Mapper.

Pero la inmensa mayoría de los vuelos que se realizan son bastante más cortos. La ruta aérea con más frecuencias del mundo es la Madrid-Barcelona, con más de 900 vuelos semanales, hegemonía que aún mantiene pese a la apertura del AVE. En línea recta, la distancia entre ambas ciudades no llega a 500 kilómetros. Los vuelos más cortos que se realizan en nuestro país son los interislas, que superan por poco los cien kilómetros de recorrido, y apenas llegan a la media hora de vuelo. Binter Canarias realiza varios saltos diarios entre Las Palmas y Tenerife Norte en ese tiempo. Y es también entre dos islas donde transcurre el vuelo comercial más corto del mundo. Loganair, una compañía regional escocesa que da servicio a las Órcadas, realiza media docena de vuelos semanales entre las islas de Westray y Papa Westray, separadas por apenas un par de kilómetros de océano. El vuelo dura exactamente dos minutos. En el siguiente vídeo de cuatro minutos y medio podéis ver todo el proceso del vuelo. El tiempo que el avión está en el aire no llega al minuto y medio.

Sin duda, Loganair tiene el récord del vuelo más corto. Uno puede llegar a su destino dos minutos después de haber salido. Sin embargo, lo que nunca han hecho es aterrizar en su destino antes de haber salido. Pero hay quien sí lo consigue.

Las Islas de la Línea, también llamadas Espóradas Ecuatoriales, son un archipiélago en mitad del Pacífico compuesto por once islas, la mayoría deshabitadas. Ocho pertenecen a Kiribati, y tres a Estados Unidos. Las islas se encuentran prácticamente en el mismo meridiano que Hawai, a 2.000 kilómetros al sur, pero, por razones económicas, su zona horaria es distinta de la americana. Mientras el paraíso de las camisas horteras está en el huso horario UTC-10 (es decir, 11 horas menos que en España), Kiribati está en el UTC+14, o sea, trece horas adelantado a la hora oficial de aquí. Resumiendo, que en Honolulu y Kiritimati, una de las islas de la línea, es la misma hora, pero con un día de diferencia. Y hete aquí que Air Pacific, una compañía de Fiyi, realiza un vuelo por semana entre ambos destinos, que dura poco más de dos horas, pero que aterriza, en el vuelo hacia el estado americano, el día antes de haber salido, y en el caso inverso, 26 horas después del despegue. El cruce de la Línea Internacional de Cambio de Fecha permite los viajes en el tiempo.

Para saber más:

First Scheduled Flight, sobre el primer vuelo regular de la Historia, del que saqué la fotografía de los pioneros.

Nonstop flight, en la Wiki inglesa, una lista de los vuelos regulares más largos del mundo.

Vuelos transpolares, el atajo del Ártico, en Fogonazos.

El vuelo comercial más corto del mundo, en el blog de León Felipe Sánchez.

Air Pacific y los viajes en el tiempo, en Contradiccions.

Lugares que no existen: Puntlandia, Maakhir, Galmudug (Somalia, y III)

25-Abril-2008 by Diego González

Puntlandia, estado autónomo dentro de la nada

El secuestro de un atunero español en aguas técnicamente somalíes a manos de piratas de esa nacionalidad ha traído a las páginas de la prensa española a Puntland, o Puntlandia, y su situación política algo sui generis.

Puntlandia es, tras Somalilandia, el estado surgido de las cenizas de Somalia más antiguo y extenso. Se encuentra situado en la esquina noreste del territorio somalí, fronterizo con todas las entidades políticas del país. Al igual que Somalilandia, su territorio está demarcado por un clan dominante, que declaró la independencia de su región poco después que sus vecinos somalilandeses, con el nombre de República de Majerteen. La cosa no pasó de ser una boutade durante varios años, en los que la anarquía, como en casi toda Somalia, fue la única forma de (des)gobierno.

En 1998, finalmente, se proclamó el nacimiento de Puntlandia, definido como un “estado autónomo dentro de Somalia”. Dado que entonces no existía nada ni siquiera remotamente parecido a un gobierno somalí, lo cierto es que esa definición era, en la práctica, una declaración de independencia. Si no hay nada dentro de lo que estar, es que estás fuera.

Un edificio oficial en Garowe, con la bandera somalí en el mástil.

Puntlandia es más Somalia que la propia Somalia. A diferencia de sus vecinos occidentales, nunca ha pretendido reconocimiento internacional como nación independiente. La moneda de curso legal, dólar aparte, sigue siendo el chelín somalí, y la bandera oficial es, también, la de Somalia. Las disputas territoriales nunca han supuesto más que choques bélicos en las fronteras, tanto con la Unión de Cortes Islámicas, al sur, como con Somalilandia, al oeste. La guerra civil ha respetado más a sus tres millones de habitantes que al resto de somalíes. Garowe y Bosaso, las dos principales ciudades, únicamente han padecido disturbios por causas internas, fundamentalmente por repartos de poder entre los distintos clanes. El presidente de Puntlandia hasta 2004, Abdullahi Yusuf Ahmed, es actualmente el presidente de del gobierno transicional de Somalia.

Una vista de Bossaso, la ciudad más grande de Puntlandia, en el año 2000.

El problema de la piratería en sus costas es de difícil solución. Aunque, oficialmente, Puntlandia reconoce la autoridad del gobierno de Mogadiscio, lo cierto es que hay muy poco que reconocer. El Gobierno Federal de Transición carece de autoridad en parte de la propia capital y en la mayoría de su supuesto territorio, así que en Puntlandia, sencillamente no pinta nada. España sólo negocia de manera oficial con las naciones que reconoce, y el gobierno reconocido por nuestro país es el de Mogadiscio. La cadena se rompe en la capital somalí. El embajador en Kenia, el más cercano, ha sido enviado allí, pero, realmente, quien tiene potestad para vigilar las aguas donde fue secuestrado el barco, es Puntlandia. De cuyo gobierno se dice, se comenta, se rumorea, que va a pachas con los piratas, cosa que obviamente niegan. Es más, recomiendan no pagar el rescate, con el argumento de que ello sólo provocará más secuestros. Lo cierto es que la marina de Puntlandia tiene es comparable en tamaño a la de Andorra, así que tampoco podrían hacer mucho. De cualquier manera, el desenlace, esperemos que feliz para los pescadores, llegará en pocos días.

Maakhir, otra vuelta de tuerca

El caso de Maakhir sobrepasa la diplomacia para entrar directamente en el surrealismo geopolítico. Situado en el territorio en disputa entre Puntlandia y Somalilandia, proclamó su secesión de los primeros en julio de 2007, dada la marginación institucional a la que se veía sometido el clan dominante en la región por el gobierno puntlandés. Al igual que éstos, nunca han esperado el reconocimiento como estado independiente, pero sí como provincia dentro de Somalia. Pero Puntlandia reconoce el territorio como parte propia, y el gobierno de Mogadiscio hace otro tanto, por lo que este estado es independiente a la fuerza. Es un estado no reconocido dentro de un estado no reconocido dentro de una república inexistente.

Una vista de Badhan, la capital de Maakhir

Uno de los negocios más prósperos de Puntlandia era la producción de carbón vegetal a partir de los bosques que ahora están en territorio de Maakhir. Tras la secesión el gobierno de Badhan, la capital, prohibió la producción de carbón vegetal, debido a la desertización que ésta provoca. Pero la demanda existe, y Puntlandia, como no reconoce la autoridad de Maakhir, procedió a enviar a los comerciantes con escolta armada a través del territorio de la provincia secesionista. Esto provocó incidentes armados entre las escoltas y milicias progubernamentales, dentro de el goteo de roces y choques que ambos estados mantienen desde la independencia maakhirita.

Galmudug, un tapón entre dos tierras

El último estado de facto dentro de Somalia, al menos que tenga un nombre, es Galmudug. Su nombre y su territorio son la suma de dos regiones, Galgudud y Mudug. Fue establecido en agosto de 2006 en el centro de Somalia, con su capital, Galcayo, equidistante de Mogadiscio y Bosasa, la principal ciudad de Puntlandia. La formación del estado fue complicada, puesto que ciudades técnicamente bajo su soberanía se encontraban gobernadas de facto por grupos de piratas como los que ahora tienen secuestrado al pesquero español. Esto cambió cuando la milicia de los tribunales islámicos invadió el país, y expulsó a los piratas. De paso, también expulsó a las autoridades locales de ciudades que sí controlaban. A finales de año la milicia de Galmudug, apoyada por los ejércitos de Etiopía y Puntlandia, recuperó el control de la parte sur del país.

Vista de una calle de Galcayo sur, capital de Galmudug.

Decía antes que la región de Mudug y su capital, Galcayo, forman parte de Galmudug. Eso es una verdad a medias, podríamos decir que casi literalmente. Sólo la mitad sur de la región y la ciudad forman parte del país. El norte de ambas pertenecen a Puntlandia. De facto, por supuesto. Según el gobierno puntlandés, la ciudad de Galcayo está unificada bajo su soberanía. Según las autoridades de Galmudug, es cierto que la ciudad está unida, pero no que pertenezca a los vecinos del norte. La realidad es que los distintos clanes enemigos entre sí controlan las dos mitades de la ciudad, y una línea verde, oficialmente inexistente, separa a ambas comunidades, que no suelen cruzarla muy a menudo. Las ONGs que trabajan allí atestiguan lo complicado y absurdo del asunto. Para ayudar a la muy necesitada población local, hay que vencer la burocracia de dos estados oficialmente inexistentes, que reconocen una autoridad superior que sólo existe sobre el papel. La pura realidad, al final, es que la única autoridad es el Kalashnikov. Como, al fin y al cabo en casi toda Somalia. El país que no existe más que en los mapas.

Para saber más:

En la Wiki: Puntlandia, Maakhir, Galmudug. En la wiki inglesa, lo mismo: P, M, G, y también Consolidación de los estados dentro de Somalia, un repaso a estos tres más Somalilandia.

La formación del estado de Maahkir, un análisis en inglés del secesionismo en Somalia.

“Mi sueño es tener un estado”, un reportaje de enero de 2007 en El País, muy esclarecedor.

Lugares que no existen - Somalilandia (Somalia, II)

23-Abril-2008 by Diego González

Los quince años de guerra civil que han destruido por completo el estado somalí han dejado un reguero de estados de facto, repúblicas autónomas y tierras de nadie en las que nadie exige pasaporte para entrar… ni se dan garantías de poder salir. Sólo hay una zona relativamente segura y con cierto potencial de crecimiento: Somalilandia.

Bandera de SomalilandiaSomalilandia es el más antiguo y sólido de los estados somalíes. Con, aproximadamente, tres millones de habitantes, está situado al noroeste del territorio somalí, limítrofe con Yibuti. Su primera experiencia como nación independiente duró apenas cinco días, del 26 de junio al 1 de julio de 1960. Hasta la primera de esas fechas, el Cuerno de África estaba dividido entre las Somalilandias francesa, inglesa e italiana. Los territorios británico e italiano se unieron para formar Somalia, mientras que la colonia francesa se convirtió en Yibuti. El efímero primer ministro de la Somalilandia independiente llegó a ostentar el mismo cargo en la Somalia unida, pero fue depuesto por el golpe de estado que encumbró a Siad Barre en 1969.

Situación de Somalilandia con respecto a Somalia en el Cuerno de África.

Durante más de dos décadas, el resentimiento contra el régimen de Barre fue creciendo en el norte del país debido a la marginación y persecución a los que fueron sometidos los clanes mayoritarios en la zona, y por la brutal represión que siguió al golpe de estado. Así pues, pocos meses después de la caída del régimen, Somalilandia se proclamó independiente, pero sin obtener, hasta la fecha, ningún tipo de reconocimiento internacional.

Mapa de Somalilandia (click para ampliar). Las fronteras de facto con Puntland (en azul) son objeto de disputa entre ambos países.

A diferencia del caótico sur de Somalia, Somalilandia ha permanecido durante estos 17 años en un relativo estado de paz, y ha disfrutado de una estabilidad inexistente en el resto de Somalia. Lo estable del país ha permitido la formación de un estado más bien democrático basado en un sistema de clanes, con unas instituciones fuertes, una moneda propia (el chelín somalilandés), un parlamento bicameral, servicios de policía y fuerzas armadas y demás atributos que normalmente tiene cualquier estado. Su capital, Hargeisa, es considerada una de las ciudades más seguras de África, donde funciona una pequeña industria turística (y también Internet vía satélite), y el país mantiene relaciones económicas con Etiopía, Arabia Saudí y otros países de la zona. La economía sigue, obviamente, en fase de desarrollo, y recientemente se han descubierto yacimientos de petróleo y gas en el país, pero el estatus de inexistencia de Somalilandia, unido al embargo oficial contra Somalia, impide su aprovechamiento, tanto por los propios somalilandeses, como por empresas extranjeras.

Anverso y reverso de un billete de cien chelines. El cambio aproximado es de 6.400 chelines por dólar. Los dólares son aceptados en cualquier parte del país, pero más vale llevar billetes pequeños.

El único problema bélico serio que ha padecido Somalilandia desde 1991 ha sido una disputa fronteriza con Puntland. Somalilandia reclama el territorio completo de la antigua colonia británica, pero Puntland y Maakhir ocupan gran parte de la zona oriental de dicho territorio. En octubre del año pasado las tropas somalilandesas tomaron Las Anod, una ciudad de 60.000 habitantes de la que habían sido expulsadas cuatro años antes, dejando varias decenas de muertos por el camino. Las tensiones con Puntland, un estado independiente a la fuerza que, oficialmente, obedece la autoridad del gobierno de Mogadiscio, son extremadamente tensas. A principios de este año se registraron nuevos tiroteos y enfrentamientos esporádicos en la ciudad, que, por ahora, sigue bajo control somalilandés.

Mapa de la disputa fronteriza entre Somalilandia y Puntland (click para ampliar). Entre medias, Maakhir. La ciudad de Las Anod está al sur de este último, como Laascanood, en la región de Sool.

Debido al limbo legal en el que se encuentra Somalilandia (ni un solo país o institución ha reconocido el país), las labores de reconstrucción y desminado se han realizado sin ayuda pública exterior. Hasta la fecha, Somalilandia mantiene relaciones oficiosas con el Reino Unido, Bélgica, Yibuti, Suecia y Sudáfrica, entre otros. Los gobiernos etíope y somalilandés firmaron un acuerdo en el año 2000 por el que las mercancías producidas en Etiopía podrían salir al mar a través del puerto de Berbera, lo que se convirtió en el primer signo de reconocimiento internacional para Somalilandia desde 1991. La Unión Africana publicó un informe favorable al reconocimiento, pero por ahora nada ha sucedido.

Un MIG derribado como monumento en las calles de Hargeisa, la capital de Somalilandia

No deja de ser irónico que Naciones Unidas reconozca y apoye a un gobierno, el de Somalia, que no pisó el país hasta el año 2006 y carece de control sobre la mayor parte de su supuesto territorio (y que, de hecho, hace 17 años que no ocupa su asiento en la ONU porque no hay quien nombre al embajador), mientras que un gobierno estable y democrático es sistemáticamente ignorado. Cosas de la alta política. O algo así.

Para saber más:

Página oficial del gobierno de Somalilandia, en inglés.

Somaliland Times, una web de noticias locales.

En la Wiki: Somalilandia, Historia de Somalilandia.

En la wiki en inglés: El país, su historia, política y relaciones internacionales.

También en inglés: Un lugar incierto y peligroso, en travelblog.org, crónica sólo un poco parcial y antiamericana de un viaje al país.

Lugares que no existen - Somalia (I)

21-Abril-2008 by Diego González

Las entradas anteriores sobre lugares inexistentes se referían a países independientes que, por distintas causas, no eran reconocidos por la mayoría de la comunidad internacional, caso de Taiwán, o directamente no aparecían en los mapas, caso de Transnistria. Somalia es el caso inverso. Está reconocida por la ONU y tiene un asiento en la Asamblea General, aparece en todos los mapas y es universalmente conocida, pero no existe en el mundo real. El territorio que la comunidad internacional le reconoce a Somalia está partido en varios países independientes y repúblicas autónomas, controladas por gobiernos locales, además de extensas áreas regidas por distintos clanes donde ninguna entidad reconocida tiene el control. En gran parte del país el sistema de gobierno es la ausencia de él. La anarquía. Hasta hace poco más de un año el territorio que controlaba el estado somalí reconocido por el mundo se reducía a una sola ciudad, Baidoa. El resto eran repúblicas independientes de facto, zonas de batalla o territorios bajo control de los señores de la guerra.

Dentro del territorio somalí podemos encontrar, por lo menos, cinco estados independientes de facto; uno la propia República Somalí; dos más que reconocen una autoridad en el gobierno de Mogadiscio, pero que en el día a día no dependen en absoluto de nadie (Puntland y Galmudug); un cuarto que, directamente, proclamó su independencia en 1991 (Somalilandia), y que permanece desde entonces como un país independiente no reconocido por absolutamente nadie, y también un quinto estado (Maakhir) que, si bien no ha proclamado su independencia nunca, es independiente a la fuerza, al no ser reconocido por el gobierno oficial somalí como parte del país. Además de estas entidades hay extensas tierras de nadie donde entrar es un suicidio, controladas por señores de la guerra o radicales islámicos.

Mapa de Somalia a principios de este mes (click para ampliar). En azul, las zonas controladas por el Gobierno de Transición o que reconocen autoridad en él; en amarillo las zonas controladas por clanes y señores de la guerra. En gris, claro territorios autónomos, neutrales o no alineados; en gris oscuro, las zonas donde resisten las milicias islámicas. Y en naranja, Somalilandia.

El caos geopolítico somalí tiene su origen en los meses posteriores a la caída de Siad Barre. Tras gobernar el país con mano de hierro desde 1969, en 1991 fue derrocado por grupos armados opositores. Inmediatamente después los mismos grupos que habían acabado con la dictadura de Barre se enzarzaron en disputas intestinas que degeneraron en una guerra civil. El conflicto tardó poco en extenderse por todo el país, y casi todo el territorio cayó en manos de distintos señores de la guerra peleando entre sí por el poder. La intervención de la ONU entre 1992 y 1995, mayoritariamente apoyada y financiada por Estados Unidos, pero con tropas de 24 países, tenía como objetivo paliar los efectos de la guerra entre la población civil y reconstruir el desaparecido estado somalí. En lo primero tuvieron cierto éxito, en lo segundo, ninguno. Naciones Unidas se retiró del país en 1995, tras comprobar la imposibilidad de que se cumpliera cualquier alto el fuego. Entre medias, se produjo la batalla de Mogadiscio, que fue llevada al cine, a las librerías, y a las pantallas de los ordenadores del todo el mundo con el nombre de Black Hawk Derribado.

Mogadiscio, 1993. Una calle abandonada, llamada por los soldados americanos Línea Verde, hace de frontera entre dos clanes que se disputan el control de la capital.

A partir de la segunda mitad de los 90 Somalia careció de un gobierno, un estado, una cabeza visible o cualquier forma de representación o de control unitarios. Los señores de la guerra se hicieron con el control de todo el país, excepto la zona norte. Se volvió, sencillamente, al feudalismo. Una nube de señores de la guerra se convirtió en dueña del territorio, estableciendo las milicias la extorsión como manera de financiarse, en permanente disputa unas con otras. La primera víctima, como suele suceder, fue la población civil. Se calcula que, en los diecisiete años de guerra, no menos de trescientas mil personas han muerto como consecuencia del conflicto y las hambrunas provocadas por éste.

Tropas keniatas cerca de la frontera con Somalia. En 1998 Al-Qaeda voló las embajadas americanas en Kenia y Tanzania, masacrando a más de 200 civiles y a 12 americanos. Los autores materiales de la matanza huyeron a Somalia; muchos de ellos fueron posteriormente abatidos o encarcelados de por vida.

Las luchas por el control del territorio no remitieron pese a la creación en el año 2000 de un gobierno transicional exiliado en Yibuti. Este gobierno de transición fue reconocido por la ONU como representante de jure de Somalia, pero los problemas internos, que acabaron con la bancarrota, provocaron su disolución en 2004, y su sustución por el Gobierno Federal de Transición (GFT), que es el que actualmente ostenta la representación del estado somalí.

El actual presidente del Gobierno Federal de Transición somalí, Abdullahi Yusuf Ahmed. Anteriormente fue presidente de Puntland.

Hasta el año 2006, es decir, década y media después de la desaparición del régimen de Siad Barré, no retornó a Somalia su gobierno reconocido. Se instalaron en la ciudad de Baidoa, que se convirtió en la única área controlada realmente por el gobierno. Ese mismo año se produjo el avance de la Unión de Cortes Islámicas (UCI). La UCI era una organización político religiosa formada alrededor de los tribunales islámicos que se habían ido formando en Somalia desde principios de los 90. La función de éstos era el mantenimiento de la ley y el orden; en un país donde la única ley era la del más fuerte la población acogía con agrado a quien fuera capaz de defender a los civiles de las milicias y de los señores de la guerra, aunque el precio a pagar fuera la obediencia estricta a la Sharía, la interpretación más fundamentalista de la ley islámica.

Milicianos progubernamentales cerca de Baidoa, en abril de 2006. La ranchera modificada con ametralladoras es el principal vehículo artillado de ambos bandos.

También en 2006 se firmaron los acuerdos de Jartum, por los que se alcanzaba una relativa paz en el país. Los señores de la guerra reconocían al gobierno de Baidoa a cambio de mantener sus dominios territoriales. Pero la debilidad del GFT, carente de tropas o dinero para pagarlas, provocó la imposibilidad de imponer más ley que la que cada reyezuelo local quisiera disponer. Es decir, que en la práctica la situación siguió siendo la misma.

Y en esas estaban cuando se reanudó la lucha. Presuntamente financiados por la CIA con varios cientos de miles de dólares, varios señores de la guerra y hombres de negocios (algunos de ellos ministros en el gobierno somalí) se unieron para formar la autodenominada Alianza para la Restauración de la Paz y Contra el Terrorismo, con el objetivo de neutralizar a la UCI, que ya controlaba gran parte de Mogadiscio y sus alrededores, y a la que se vinculaba con Al-Qaeda. La cosa no pudo salir peor. La respuesta de las milicias islámicas fue declarar la yihad contra ellos. En seis meses conquistaron casi todo el sur del país y sitiaron Baidoa, la capital del GFT (ver mapa de la izquierda).

Etiopía, alarmada por la creación de un estado islámico en sus fronteras, invadió Somalia. Las fuerzas de la UCI, presuntamente apoyadas por Al-Qaeda y por el ejército de Eritrea (que siempre ha negado la acusación) recibieron el ataque conjunto de Etiopía y el GFT (presuntamente ayudados por EE.UU.) a las puertas de Baidoa, y fueron vencidas, pese a la llamada internacional a la yihad contra Etiopía que realizaron. En los últimos diez días del año 2006 fueron obligadas a retroceder hasta Mogadiscio, y después a abandonarla en manos del gobierno, que, por primera vez en diecisiete años, controlaba la capital. Eso sí, de manera un tanto simbólica. El gobierno no tiene ni autoridad ni capacidad para recaudar impuestos, mantener el orden o establecer un poder judicial, y sólo se mantiene gracias al apoyo de Etiopía. El área oficialmente controlada por el GFT abarca todo el sur del país, más sus aliados del norte, pero, en la práctica, se reduce a las regiones donde se encuentran Mogadiscio y Baidoa.

Milicias islámicas bloquean una carretera cerca de Mogadiscio, en junio de 2006.

La situación actual está a varios años luz de la paz. Los atentados y emboscadas contra soldados etíopes y somalíes son diarios. En lo que llevamos de año han muerto docenas de ellos a manos de las milicias islámicas, además de varios centenares de civiles. Desde enero hasta hoy las fuerzas leales al GFT han perdido gran parte dle territorio que controlaban alrededor de la ciudades de Baidoa y Mogadiscio, y este pasado fin de semana estalló una nueva ola de violencia en Mogadiscio que está lejos de ser controlada, y que ha dejado varias decenas de muertos. Somalia se desangra. Somalia no existe.

Actualización 22-4: Si te apetece, menea esta entrada.

Para saber más:

El nuevo poder somalí y la nueva amenaza internacional, en el Grupo de Estudios Estratégicos, enero de 2007.

Somalia, Estado sin Estado, por Jordi Sant Gisbert, en 2007.

Somalia, tierra sin ley, de la serie Las guerras olvidadas, en El Mundo

En la Wiki, Somalia, Mogadiscio, Guerra civil somalí, Guerra en Somalia de 2006, Unión de Cortes Islámicas, Alzamiento de la UCI, Gobierno Transicional de Somalia.

En la Wiki inglesa, cronología de atentados y ataques en 2008.

Libros: Viajar por el mundo/Ciudades del mundo

20-Abril-2008 by Diego González

Viajar por el mundo/Ciudades del Mundo. VV.AA. Geoplaneta, Barcelona, 2007.

De un tiempo a esta parte, quizá coincidiendo con el auge de las compañías aéreas low cost, han aparecido en el mercado varios libros de gran formato que recorren en sus páginas un número determinado de lugares de interés pasando, eso sí, un poco por encima de cada uno de ellos. Son, básicamente, contenedores de información, o casi fichas técnicas, de islas, lugares, monumentos o rarezas de nuestro planeta. O sea, una auténtica gozada para gente como yo.

Los dos que hoy nos ocupan están editados por Lonely Planet, aparecieron en las librerías a finales del año pasado, distribuidos por la editorial Planeta. Viajar por el mundo es un recorrido algo superficial por más de 200 países de todo el planeta, todos los reconocidos por la ONU más alguna ex colonia británica o portuguesa (Macao, Hong Kong), regiones peculiares (Groenlandia o las Feroe) y los cuatro países que forman el Reino Unido. De cada país se nos dan los datos básicos (superficie, población, moneda e idiomas), y, tras un brevísimo resumen del país, se nos ofrece una breve información sobre lo que es imprescindible hacer, la mejor época para ir, las curiosidades y particularidades, el cine y la literatura que nos aproximan a él y una selección de fotos que resumen la esencia del territorio, las gentes o las maravillas que encierra. En la ficha de cada país se da primacía absoluta a las fotografías, y es una pena, porque probablemente se podían haber puesto menos fotos, o más pequeñas, y contar más particularidades de cada país.

No es un recorrido exhaustivo (a cada país se le dedican cosa de doscientas palabras), ni, en muchas ocasiones, imparcial. Pero es la esencia de casi cada rincón del mundo en poco más de cuatrocientas páginas. Es un libro para aquellos que aman las infinitas rarezas de la geografía y las gentes de este mundo, y un punto de partida para los que quieran ahondar en el conocimiento sobre otros países, culturas y, claro, fronteras. Los autores, igual que en las guías de la editorial, no ahorran sarcasmos al hablar de determinados países. Por ejemplo, en la entrada sobre Moldavia se lee: “Cuándo ir: [...] cuando sea posible, ya que la kafkiana burocracia moldava concede los visados como la lotería”. Lamentablemente, se olvidaron traducir el nombre del país, que aparece como “Moldova”. Tambén se olvidaron de reordenar alfabéticamente los países, así que España aparece entre Somalia y Sri Lanka, y Eslovaquia y Eslovenia entre Singapur y las Islas Salomón, por poner un par de ejemplos.

Ciudades del mundo, por su parte, es otro recorrido, algo más exhaustivo, por 210 ciudades de los cinco continentes. Como buen español amante de su ombligo, casi lo primero que miré fue cuántas ciudades españolas aparecen. Son cuatro; Barcelona, Sevilla, Madrid y San Sebastián. No es mala selección. Francesas aparecen tres, por ejemplo. Pero a mí lo que me gusta es leer sobre lo que desconozco. Y el libro es una mina. En la ficha de cada ciudad (una página de texto y otra de fotografía) se hace un brevísimo esbozo de la ciudad, para seguir con una serie de seccions fijas que se repiten para cada lugar. Temas de conversación, mitos urbanos, lo importado y exportado, lo mejor y lo peor, y qué ver, hacer, comer o comprar en cada ciudad.

Entrada, en la edición inglesa, de Bled, Eslovenia. En la web de Lonely Planet se puede echar un vistazo a algunas páginas del interior del libro.

Una de las preguntas que uno tiene que hacerse al leer una guía o ver un documental (por ejemplo, los de Lonely Planet) es sobre la veracidad de lo que cuentan. Para ello, nada mejor que comprobar lo que dicen de algo que uno conoce de primera mano. Así, por ejemplo, en la ficha de Barcelona leemos: “Lo peor: Los trenes de cercanías” y “De qué se habla: ¿se podrá volar algún día a otros continentes desde el Aeropuerto de El Prat?”. Está claro, saben de lo que hablan. Sin embargo, en la entrada sobre Madrid se lee “Temas de conversación: El incendio del Windsor, ¿fue accidental o intencionado?”. Hombre. Eso se comentó durante un par de meses hace tres años, tampoco es para tanto. Lo peor de Madrid, para el autor, son los jóvenes ebrios por la calle los fines de semana, las obras interminables (ahí da en el blanco), y la dificultad de encontrar entradas para ver al Real Madrid. ¿Y lo mejor? Pues, además de los miles de bares de tapas, la comida y el triángulo de los museos… el Real Madrid. Está claro que también sabe de lo que habla.

Resumiendo: Estos dos libros están dirigidos al público más amante de lo extraño (extraño por extranjero, no por raro), de los viajes, y del conocimiento de lugares muy lejanos a los que tal vez, sólo tal vez, algún día poder ir. También, dicho sea de paso, a lectores con un buen poder adquisitivo (cuestan 50 €urazos cada uno), o, como es mi caso, con una novia fantástica que sabe perfectamente qué regalar por Reyes para que su novio pegue saltos de alegría.

Mi nota: Extasiantes

Poniéndole puertas al campo

18-Abril-2008 by Diego González

El tamaño de las cosas es relativo. En España, y en la mayor parte de Europa, el pueblo de al lado es una localidad cercana, a la que se podría ir dando un paseíto en una agradable tarde primaveral. En Australia las cosas no son tan sencillas. Dos tercios de los casi ocho millones de kilómetros cuadrados del país son puro desierto (el Outback), y entre un pueblo y el de al lado puede haber cosa de cien kilómetros, si no más. Los términos municipales más grandes de España son los de Cáceres y Lorca (Murcia), con casi 1.800 km² el primero y más de 1.600 el segundo. Por comparar, el término municipal de Kalgoorlie, en Australia Occidental, tiene 95.000 kilómetros cuadrados de superficie (es algo más grande que Portugal) y Mount Isa, en Queensland, 42.000 (más o menos como Estonia o Dinamarca). Kalgoorlie es más grande que 90 países miembros de la ONU. En Australia hay unos 2.500 pueblos y ciudades en algo menos de ocho millones de km². Tocan a más de 3.000 km² de media. Para hacerse una idea, en España la superficie media es de menos de 70 km². En Australia las cosas son grandes.

Sólo en un país así podía existir la Dingo fence, o verja anti dingos. Un dingo es, básicamente, un chucho salvaje. Como todos los parientes del lobo, los dingos tienen cierta apetencia por la carne de otros animales. En Australia hay seis veces más ovejas que habitantes (120 millones contra 20, aunque la primera cifra es de 1998), así que los dingos tienen un montón de comida al alcance del colmillo, y los granjeros australianos tienen un gran problema. A finales del XIXla situación era parecida; los granjeros de Australia Meridional y Nueva Gales del Sur se habían hartado de practicar el tiro al dingo, y, si bien habían cuasi exterminado la especie en esos territorios a base de plomo, se hacía necesaria una solución a largo plazo. Así comenzó la construcción de la Dingo fence, una de las estructuras hechas por el hombre más largas de la Tierra, y, sin la menor duda, la verja más larga del mundo.

La verja anti dingos a lo largo de la frontera entre Queensland y Nueva Gales del Sur.

La valla, de dos metros de altura, se extiende a lo largo de tres estados cruzando el Outback, a través de montañas, ríos, carreteras y cualquier cosa que haya en su recorrido. Comienza en el estado de Australia Meridional, en la Península de Eyre, y continúa a lo largo de más de dos mil kilómetros hasta la frontera con Nueva Gales del Sur. La verja discurre por casi quinientos kilómetros sobre la frontera, hasta Cameron Corner, donde gira noventa grados y continua sobre la línea entre Nueva Gales y Queensland durante seiscientos kilómetros más. Tras abandonar la frontera, continúa durante otros más de dos mil kilómetros hasta terminar derca de un pueblo llamado Jimbour, Queensland, a poco menos de doscientos kilómetros de la costa del Pacífico.

Mapa de la verja anti dingos (click para ampliar).

Se desconoce su longitud exacta. Diversas fuentes elevan su longitud hasta más allá de los 8.000 kilómetros, pero la longitud más comunmente aceptada ronda los cinco mil. Que viene a ser la distancia por carretera entre Cádiz y Moscú, o el doble que la sección más larga de la Gran Muralla China.

Carretera (es una forma de hablar) junto a la Dingo fence, cerca de Cameron Corner.

Su construcción completa llevó varias décadas. Las primeras secciones de la valla se levantaron a finales del siglo XIX en Australia Meridional, y las últimas, en los años 50 en Queensland. Su mantenimiento también tiene bemoles. Las patrullas de control de la verja recorren unos trescientos kilómetros cada semana buscando agujeros, roturas o trozos caídos, y reparándolos. Dado que la valla cruza por lugares infinitamente apartados de cualquier cosa con un leve parecido a la civilización, muchas veces acampan en mitad del desierto durante la noche para seguir patrullando al día siguiente. El mantenimiento de la verja le cuesta a cada uno de los estados implicados cosa de un millón de dólares australianos al año.

Una puerta en el desierto. Para atravesar los caminos sin asfaltar del Outback se utilizan puertas como las de la imagen. Al otro lado hay chuchos.

Cada diez millas (unos dieciséis kilómetros) hay una puerta. A lo largo de la verja se instalan trampas y venenos para aumentar su efectividad contra los dingos, medida muy polémica y protestada por las organizaciones de defensa de los animales. Se pueden encontrar fotos de dingos muertos en la verja en algunas webs que denuncian la verja como una salvajada. El dingo, aseguran sus defensores, es un animal de la fauna australiana muy anterior a la llegada de los europeos, lo cual es cierto. Pero en el sureste de Australia es considerado una peste. Cada año mueren miles de ovejas a manos (o patas) de los dingos, y los propietarios de aquellas no tienen intención de dejarse comer el ganado.

Inicio (o final) de la verja anti dingos en Queensland, a doscientos kilómetros del Océano Pacífico.

El éxito de la verja ha sido parcial. Si bien los dingos no suelen atravesarla, aún se encuentran perros salvajes al sur de ella. Además, los conejos, una plaga bíblica en Australia, y los canguros, tienen menos espacio, y la verja ha aumentado la competencia por la escasa comida entre ellos.Hay voces que proponen invertir el dinero que cuesta mantener la verja en campañas de control de población (léase exterminio) del dingo. Pero por ahora la valla seguirá en su sitio, partiendo en dos un desierto, y poniéndole puertas al campo.

Cartel explicativo a quince millas (25 kilómetros) de Coober Pedy, en Australia Meridional, en mitad de la nada.

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Para saber más (en inglés):

En la Wiki: Dingo Fence.

Vista de la verja en Google Maps, a la altura de Cameron Corner.

The Dingo Fence, en Pom Gone Walkabout.

Se pueden encontrar comentarios y fotografías en algunas crónicas de viajes por el Outback (1, 2, 3, 4, 5), y también una galería de fotos en Picasa.